La fe en la transferencia de riquezas

Domingo 8 de Julio

¿Para ser pobre que se necesita hacer? Nada.

Para ser rico, se necesita pensar, planear y ejecutar. Sobre todo, tener fe.

 La fe no es mental, nace de la confianza plena en Dios. La fe es probada en el dolor, en fuego.

Continuando con el tema de la semana pasada, el Pastor Armando Coria habló sobre cómo se debe poner por obra las predicaciones, las enseñanzas para que las bendiciones lleguen a nuestra vida. Inició el tema con: “1 Corintios 8:9 Pero mira que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles”.

La voluntad de Dios funciona, los que no funcionamos somos nosotros

Las riquezas del Señor eran abundantes, pero se hizo pobre cuando llegó a la Tierra. Él quiere que las riquezas lleguen a nuestras vidas pero nosotros no lo queremos así. Necesitamos de varias llaves, y la primera de ellas tiene dos letras: fe. Si no se tiene la plena confianza, el convencimiento pleno en Dios, nunca llegaremos a tener las bendiciones en la economía que Dios quiere para nosotros.

Lo que vemos es el mundo natural, pero no alcanzamos a ver el espiritual.

No basta con orar, con tener una visión positiva de la meta, las acciones tienen que estar alineadas con lo que se busca obtener. Si se abre espacio a la duda, se pierde la confianza en Dios y la transferencia de riquezas queda anulada.

El conformismo es una especie de duda que nos aleja de la visión de lo que Dios quiere para nuestras vidas. Se debe tener el convencimiento y no cambiarle las cosas a Dios, no debemos conformarnos con lo que Él no quiere para nosotros.

La falta de fe

El pueblo de Israel pudo haber tenido muchas bendiciones, pero finalmente las anularon por la falta de fe. Pese haber sido testigos de numerosos milagros (la apertura del Mar Rojo, agua para beber del Mar Negro, la columna de fuego durante las noches, hizo caer maná del cielo), no tenían una plena confianza en el Señor. Números 13:17-21 “Los envió pues, Moisés a reconocer la tierra de Canaán, diciéndoles: Subid de aquí al Neguev, y subid al monte, y observad la tierra como es, y el pueblo que la habita, si es fuerte o débil, si poco o numeroso; cómo es la tierra habitada, si es buena o mala; y como son las ciudades habitadas, si son campamentos o plazas fortificadas; y cómo es el terreno, si es fértil o estéril, y tomad el fruto del país. Y era el tiempo de las primeras uvas. Y ellos subieron, y reconocieron la tierra desde el desierto de Zin hasta Rehob, entrando en Hamat”.

Dios llevó así al pueblo judío a la tierra prometida, una tierra hasta cierto punto invisible, pues nadie sabía cómo sería. Sin embargo, jamás les dijo que no tendrían problemas.

La fe no es mental, nace de la confianza plena en Dios. La fe es probada en el dolor, en fuego, pero persiste la promesa de que el Señor nunca nos abandonará. En ese momento, Dios estaba probando al pueblo judío para poder entrar a la tierra prometida, pero el pueblo tuvo falta de fe.

1 Pedro 1:6-7 nos dice: “En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo”. Con esto podemos ver que la fe nace de las aflicciones, de los momentos en donde un problema nos hace volvernos a la Palabra de Dios. Fue así que el pueblo de Israel tuvo una prueba de fe.

Números 13:23: “Y llegaron hasta el arroyo de Escol, y de allí cortaron un sarmiento con un racimo de uvas, el cual trajeron dos en un palo, y de las granadas y los higos”. Del tamaño de los frutos – las uvas eran del tamaño de una sandía – se nos habla de que las cosas que Dios quiere para nosotros son mejores de las que nosotros podemos pensar o planear.

Ya nos ha dado lo mejor

Se necesita creerle más a Dios, confiar más en Él. Nos exhorta a entrar y tomar las uvas. La Biblia dice que sin fe es imposible agradar a Dios.

Romanos 8:32 “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con el todas las cosas?” El Hijo es lo más preciado que Dios nos pudo dar, así que debemos tener confianza en que, si ya nos dio lo que más vale para Él, nos podrá dar también muchas otras cosas.

Sus promesas están ahí. Sus bendiciones también. Su Amor es fiel. Todo lo que Él tiene para nosotros simplemente espera al momento en que nosotros dejemos lo que nos parece bueno, y tomemos lo que de verdad es Bueno.

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