Transferencia de riquezas por herencia

Para poder disfrutar de la herencia, necesitamos tener una llave y una identidad.

La llave se llama fe.

Y la identidad se basa en Jesucristo.

Por tercera ocasión, el Pastor Armando Coria predicó sobre la transferencia de bienes del mundo espiritual al mundo natural. Comenzó explicando que transferencia se deriva de:

1. Trans. “Al otro lado”. Traspasar, traslado.

2. Fe. Certeza de lo que no se ve.

3. Herencia. Conjunto de bienes, derechos y obligaciones que, cuando una persona muere, transmite a sus herederos o legatarios.

Sin embargo, una definición más importante es “lo que nos corresponde por ser hijos”. Lo importante no es memorizar, aprender, sino creer en que las bendiciones de Dios nos corresponden por ser hijos, y por lo general, cuesta mucho creer esa idea. Por ello, también cuesta mucho trabajo el obtener estos beneficios de manera real.

Queda claro que todos somos hijos de Dios, pero no todos nos sentimos hijos de Dios. Si nos cuesta tanto trabajo creernos hijos, más trabajo nos costará vivir en el reino de Dios. Una vez que se acepta a Jesucristo como Señor y salvador, uno se convierte en hijo, por lo tanto, hay que aceptar que somos también príncipes y princesas de Dios.

Juan 1:12 dice: “mas a todos los que le recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre”. Uno puede, mediante la potestad “poder, derecho para hacer algo”, tenemos la capacidad para ser hijo de Dios, y por ende, de recibir sus bienes en la Tierra. Lo anterior en nada tiene que ver con la salvación, que está garantizada para todos los que aceptan a Jesús, únicamente se refiere a la capacidad que tenemos para transferir las riquezas a la Tierra, el lugar donde existen las carencias.

Dios no puede ceder su herencia cuando a uno le cuesta trabajo tener fe. La parábola del hijo pródigo, en Lucas 15 dice: “Y dijo: Un hombre tenía dos hijos;

12 Y el menor de ellos dijo á su padre: Padre, dame la parte de la hacienda que me pertenece: y les repartió la hacienda.

13  Y no muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, partió lejos á una provincia apartada; y allí desperdició su hacienda viviendo perdidamente.

14  Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una grande hambre en aquella provincia, y comenzóle á faltar.

15  Y fué y se llegó á uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió á su hacienda para que apacentase los puercos.

16 Y deseaba henchir su vientre de las algarrobas que comían los puercos; mas nadie se las daba.

17  Y volviendo en sí, dijo: ­Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!

18  Me levantaré, é iré á mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti;

19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como á uno de tus jornaleros.

20 Y levantándose, vino á su padre. Y como aun estuviese lejos, viólo su padre, y fué movido á misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle.

21 Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.

22 Mas el padre dijo á sus siervos: Sacad el principal vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y zapatos en sus pies.

23 Y traed el becerro grueso, y matadlo, y comamos, y hagamos fiesta”. En la parábola del hijo pródigo, el hijo sabía que los bienes de su padre le correspondían por el simple hecho de ser sangre de su sangre. Quien está seguro de quien es su padre, sabe que tiene el poder de demandar los bienes de su padre, por cuanto una parte de ellos, le corresponde. En una anécdota relacionada, el pastor habló de la dificultad que tuvo su sobrino para pedirle un préstamo monetario, y la contrastó con la actitud de su hijo, quien sabe que su padre tendrá recursos disponibles para él y los pide sin pena.

La actitud del hijo pródigo fue similar, él no llegó titubeando, sino que, con el derecho del que estaba seguro tener, llegó con su padre a pedirle la herencia. De la misma manea, únicamente podremos bajar las riquezas del mundo espiritual a través de la fe. Pese a que alguna vez uno pudo haberse sentido perdido, tal como el hijo pródigo, puede también volver en sí para disculparse, siempre manteniendo su identidad de hijo.

Lucas 11: 1 dice: “Y aconteció que estando él orando en un lugar, como acabó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos á orar, como también Juan enseñó á sus discípulos.

2 Y les dijo: Cuando orareis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos; sea tu nombre santificado. Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

3 El pan nuestro de cada día, dános lo hoy.

4 Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos á todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del malo.

5 Díjoles también: ¿Quién de vosotros tendrá un amigo, é irá á él á media noche, y le dirá: Amigo, préstame tres panes,

6 Porque un amigo mío ha venido á mí de camino, y no tengo que ponerle delante;

7 Y el de dentro respondiendo, dijere: No me seas molesto; la puerta está ya cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y darte?

8 Os digo, que aunque no se levante á darle por ser su amigo, cierto por su importunidad se levantará, y le dará todo lo que habrá menester.

9 Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y os será abierto.

10 Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abre.

11 ¿Y cuál padre de vosotros, si su hijo le pidiere pan, le dará una piedra?, ó, si pescado, ¿en lugar de pescado, le dará una serpiente?

12 O, si le pidiere un huevo, ¿le dará un escorpión?”

Este versículo explica que la oración con fe siempre provocará una respuesta por parte de Dios.

24  Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado. Y comenzaron á regocijarse

En la segunda parte de la parábola, Lucas 15:24 dice: “Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado. Y comenzaron á regocijarse.

25 Y su hijo el mayor estaba en el campo; el cual como vino, y llegó cerca de casa, oyó la sinfonía y las danzas;

26 Y llamando á uno de los criados, preguntóle qué era aquello.

27 Y él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha muerto el becerro grueso, por haberle recibido salvo.

28 Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase.

29 Mas él respondiendo, dijo al padre: He aquí tantos años te sirvo, no habiendo traspasado jamás tu mandamiento, y nunca me has dado un cabrito para gozarme con mis amigos:

30 Mas cuando vino éste tu hijo, que ha consumido tu hacienda con rameras, has matado para él el becerro grueso.

31 El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.

32 Mas era menester hacer fiesta y holgar nos, porque este tu hermano muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado”.

El otro hermano se comportaba como jornalero, nunca entendió que las cosas de su padre también eran suyas, no se atrevió a pedirle con potestad de hijo. Pese a su actitud, el padre tenía las cosas dispuestas también para el hijo.

Quien tenga fe, le será dado.

Fe en Dios.

Fe en Jesucristo.

Fe en el Espíritu Santo y en lo que puede hacer en la vida de cada quien.

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