Bendiciones a terceros con riquezas obtenidas

“Tú puedes dar poco, pero ese poco, para otro puede ser mucho”

 

La serie de la transferencia de riquezas abrió un nuevo capítulo, esta vez con el llamado a bendecir a los demás con la obtención de bendiciones económicas.

El pastor hizo énfasis en que Dios debe ser la prioridad por sobre todas las cosas. Por consecuencia, las riquezas transferidas del mundo espiritual al mundo natural deben tener un uso, no deben ser desperdiciadas.

 

Riquezas generan riquezas

 

En la parábola del hijo pródigo, en el evangelio de Lucas, dice: “Lucas 15:11 Y dijo: Un hombre tenía dos hijos;

12 Y el menor de ellos dijo á su padre: Padre, dame la parte de la hacienda que me pertenece: y les repartió la hacienda.

13 Y no muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, partió lejos á una provincia apartada; y allí desperdició su hacienda viviendo perdidamente”.

Ni los bienes ni la vida le son dados al hombre para malgastarlos. La gran mayoría de los que llegan a Dios lo hacen derrotados, en un mal estado, generalmente económico.

Santiago 4:2-3 dice: “2 Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y guerreáis, y no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.

3 Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites”.

Esto nos demuestra que cuando se pide dinero con una finalidad egoísta, o con el propósito incorrecto de satisfacer un ansia de placeres, Dios no contesta.

En Lucas 14:16-21, Jesús refiere la siguiente parábola: “16 Y refirióles una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había llevado mucho;

17 Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿qué haré, porque no tengo donde juntar mis frutos?

18 Y dijo: Esto haré: derribaré mis alfolíes, y los edificaré mayores, y allí juntaré todos mis frutos y mis bienes;

19 Y diré á mi alma: Alma, muchos bienes tienes almacenados para muchos años; repósate, come, bebe, huélgate.

20 Y díjole Dios: Necio, esta noche vuelven á pedir tu alma; y lo que has prevenido, ¿de quién será?

21 Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico en Dios”.

La historia nos refiere a un hombre ambicioso, egoísta con sus bienes, y muchos de nosotros, como él, confundimos la ambición con la avaricia. El hombre pensaba únicamente para él, lo que podía atesorar y obtener. Las herencias de Dios no son para un disfrute en solitario, el propósito no es que acumulemos para nosotros, sino para bendecir a otros también.

Existe mucha gente que necesita de las bendiciones de Dios, llevadas a cabo por hombres. El versículo veinte hace énfasis en esto, con la pregunta “y lo que has prevenido (almacenado), ¿Para quién será?”. Si uno muere mañana, los bienes quedarían en manos de ¿quién? Al no tener la vida comprada, ni tener una certeza del día en que llegará la muerte, es mejor que las riquezas sean usadas para generar bendición.

Con esto tampoco se espera que todo el dinero sea entregado o donado, es válido comprar lo que uno merezca, pero el afán por guardarlo, atesorarlo, es lo peor que una persona puede hacer. No sólo se echa a perder de manera física, sino que ese no es su propósito. Los hombres de negocios que lo invierten, no sólo generan riquezas sino empleos, a final de cuentas, bendición para los demás.

 

Bendición para Dios

 

En Mateo, Jesús dice lo siguiente: “31 Y cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria.

32 Y serán reunidas delante de él todas las gentes: y los apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.

33 Y pondrá las ovejas á su derecha, y los cabritos á la izquierda.

34 Entonces el Rey dirá á los que estarán á su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.

35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fuí huésped, y me recogisteis;

36 Desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis á mí.

37 Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos? ¿ó sediento, y te dimos de beber?

38 ¿Y cuándo te vimos huésped, y te recogimos? ¿ó desnudo, y te cubrimos?

39 ¿O cuándo te vimos enfermo, ó en la cárcel, y vinimos á ti?

40 Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis á uno de estos mis hermanos pequeñitos, á mí lo hicisteis.

41 Entonces dirá también á los que estarán á la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y para sus ángeles:

42 Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;

43 Fuí huésped, y no me recogisteis; desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis.

44 Entonces también ellos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, ó sediento, ó huésped, ó desnudo, ó enfermo, ó en la cárcel, y no te servimos?

45 Entonces les responderá, diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis á uno de estos pequeñitos, ni á mí lo hicisteis.

46 E irán éstos al tormento eterno, y los justos á la vida eterna”.

Tenemos que darnos cuenta que las buenas acciones no son únicamente para el beneficio de los hombres, sino también para Dios, que mora dentro de los hombres.

El rey Salomón, en Eclesiastés, dice: “2:1 Dije yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes. Mas he aquí esto también era vanidad.

2 A la risa dije: Enloqueces; y al placer: ¿De qué sirve esto?

3 Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino, y que anduviese mi corazón en sabiduría, con retención de la necedad, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de los hombres, en el cual se ocuparan debajo del cielo todos los días de su vida.

4 Engrandecí mis obras, edifiquéme casas, plantéme viñas;

5 Híceme huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todos frutos;

6 Híceme estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde los árboles crecían.

7 Poseí siervos y siervas, y tuve hijos de familia; también tuve posesión grande de vacas y ovejas, sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalem;

8 Alleguéme también plata y oro, y tesoro preciado de reyes y de provincias; híceme de cantores y cantoras, y los deleites de los hijos de los hombres, instrumentos músicos y de todas suertes.

9 Y fuí engrandecido, y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalem: á más de esto perseveró conmigo mi sabiduría.

10 No negué á mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo: y ésta fué mi parte de toda mi faena”.

Al final de cuentas, lo único que nos llevamos a la tumba es la sabiduría, la experiencia ganada. Lo demás, se hereda o se pierde.

En estos textos, el rey también abunda en que pudo haber hecho más para el beneficio de otros. Eclesiastés 2:18-20 “Yo asimismo aborrecí todo mi trabajo que había puesto por obra debajo del sol; el cual dejaré á otro que vendrá después de mí.

19 ¿Y quién sabe si será sabio, ó necio, el que se enseñoreará de todo mi trabajo en que yo me afané, y en que ocupé debajo del sol mi sabiduría? Esto también es vanidad.

20 Tornéme por tanto á desesperanzar mi corazón acerca de todo el trabajo en que me afané, y en que había ocupado debajo del sol mi sabiduría”.

Al acumular tanto, nos volvemos ególatras, no lo compartimos. Y un día nos percatamos de que el dinero fue malgastado, perdido, olvidado, y nunca tuvo un buen fin, un buen destino, cuando pudo haber sido legado, heredado, sin importar que el heredero fuese sabio o necio.

El Proverbio 11, dice: “24 Hay quienes reparten, y les es añadido más: Y hay quienes son escasos más de lo que es justo, mas vienen á pobreza.

25 El alma liberal será engordada: Y el que saciare, él también será saciado”.

El dinero es un medio, no un fin. De la abundancia en circulación se crea la abundancia en ganancia, para todos. Siempre, en todo momento, más vale dar que recibir. No se puede vivir queriendo únicamente acumular y acumular. Quien es generoso, prospera. Quien da, también recibe.

Todo esto, porque Dios no se queda con nada. Todo lo que recibe, lo devuelve, el ve siempre el corazón de los hombres.

 

Firma de resoluciones para mujeres

 

Al finalizar la predicación, Stephanie Coria tomó la palabra para hacer un atento llamado a las mujeres que asistieron a la película “Reto de Valientes” los miércoles pasados, y que se comprometieron a firmar sus resoluciones como esposas y madres de familia.

 

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Los Congresos de Hombres y Mujeres tendrán lugar en los próximos meses. Los varones lo celebrarán durante los días 21 y 22, y las mujeres el 5 y 6 de octubre. Se contará con la presencia del pastor Julio Melgar, quien asistirá con su banda musical.

Asimismo se hizo la presentación del niño Ángel Josué, quien, por medio de una oración en la que se pedía por la sabiduría en los padres, quedó depositado en las manos del Señor, con la confianza de que se cumplirán todas las promesas destinadas para su vida y de que Dios guiará cada paso que de.

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