El camino de la fe hacia el Reino de los Cielos

 

 

Porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Ésta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe.

¿Quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?

1 Juan 5:4-5

Ante la ausencia del pastor Armando Coria, su hija Stephanie compartió un capítulo más respecto a la transferencia de riquezas por medio de la fe. En esta ocasión, el tema central fue la fe como acceso al Reino de los Cielos.

La fe es algo de lo que estamos seguros que llegará. Es la certeza de lo que habrá de llegar. Para decir que somos hombres de fe necesitamos estar convencidos y esperar. En esta última etapa, la espera, puede llegar el desánimo o el miedo. Ahí la fue puede menguar.

Cuando escuchamos la Palabra, se siembra en nuestro corazón, y nuestra mente comienza el proceso de creer.

En el tiempo de espera nos podemos desesperar o desanimar, la fe puede menguar y de ahí podemos tomar dos caminos: en el primero podemos forzar las cosas por fuerza y voluntad propia, no por la voluntad de Dios, en el segundo podemos claudicar o rendirnos. Stephanie recordó la promesa del hijo de Abraham. Sara incumplió al engendrar un hijo que no era de él, dividiendo con ello al pueblo de Israel.

De la misma manera, surgen opciones de nuestra propia mente para solventar la necesidad que por fe, debería tener respuesta por parte de Dios.

El escepticismo plaga a los creyentes porque es difícil tener certeza de algo que no vemos. Por ello, es completamente contrario a la definición de fe.

Jesús planteó un camino de vida para nosotros, enseñándonos a vivir por fe. Jesús empezó su ministerio después de haber sido bautizado en las aguar por parte de Juan el Bautista. Algo de lo que no nos damos cuenta es que Él también tuvo un tiempo de espera. Después de ello, instaba a la agente a cambiar, a arrepentirse (cambiar la manera de pensar). En ese entonces, tuvo mucha resistencia porque la gente ni conocía ni entendía de lo que Él hablaba, y aún hoy, muchos siguen en las mismas. En Marcos 4:30-32 “30 También dijo: “¿Con qué vamos a comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola podemos usar para describirlo?

31 Es como un grano de mostaza: cuando se siembra en la tierra, es la semilla más pequeña que hay,

32 pero una vez sembrada crece hasta convertirse en la más grande de las hortalizas, y echa ramas tan grandes que las aves pueden anidar bajo su sombra”.

¿Qué quiere decir con que el reino de los cielos es como un grano de mostaza? Quiere decir que es un reino que no tiene sustancia en la Tierra. Si bien podemos ver a Dios reflejado en la creación, su reino era intangible. Por eso es que debemos cambiar la manera de pensar, y creer que hay un reino establecido aquí que no vemos. En él, se tiene que vivir por medio de la fe – que, como el grano de mostaza, cuando es sembrada, da pie a un frondoso árbol. La única forma de entrar en este reino es por fe, convencido de la existencia de Dios y en espera de que va a llegar la promesa – sin desesperarte, ni afanarte, ni rendirte.

Dificultades

Vivir por fe es difícil. Los problemas y las vicisitudes nos tiran emocionalmente, pero el vivir por fe debe sobrepasar esa época de tristeza. En Mateo 14:22-29 “22 En seguida Jesús hizo que los discípulos subieran a la barca y se le adelantaran al otro lado mientras él despedía a la multitud.

23 Después de despedir a la gente, subió a la montaña para orar a solas. Al anochecer, estaba allí él solo,

24 y la barca ya estaba bastante lejos[a] de la tierra, zarandeada por las olas, porque el viento le era contrario.

25 En la madrugada,[b] Jesús se acercó a ellos caminando sobre el lago.

26 Cuando los discípulos lo vieron caminando sobre el agua, quedaron aterrados.

—¡Es un fantasma! —gritaron de miedo.

27 Pero Jesús les dijo en seguida:

—¡Cálmense! Soy yo. No tengan miedo.

28 —Señor, si eres tú —respondió Pedro—, mándame que vaya a ti sobre el agua.

29 —Ven —dijo Jesús.

Pedro bajó de la barca y caminó sobre el agua en dirección a Jesús.

Jesús quería mostrarles el reino invisible, despertar en ellos la fe, la creencia de que las cosas imposibles para la razón, eran posibles para Dios, y por ello, se podía vivir por fe en la Tierra. Pedro de alguna manera puso a prueba a Jesús para comprobar que era Él quien venía a ellos sobre las aguas. Sin fe no somos seguidores de Dios, sino feligreses de una religión, sin fe, con ley.

Mateo 14:30 “Pero al sentir el viento fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó: —¡Señor, sálvame!”. A Pedro le dio miedo a final de cuentas, pero en ese momento ya estaba viviendo por fe. Cuando estamos entrando al reino de Dios, empiezan a suceder cosas sobrenaturales, cosas que la mente y la razón no entienden, por esta razón, estos dos polos chocan. En el caso de Pedro, que ya estaba caminando, le dio miedo caminar por fe y por eso fracasó.

Quienes por fe agradan a Dios

Cuando nos guiamos por vista, lo razonamos todo, nos movemos bajo la premisa de que dos más dos son cuatro. Sin embargo, el caminar por la fe es una aventura extraordinaria. Porque se tendrá la certeza de que cuando lleguen las cosas, es porque vienen de parte de Dios. Hay dos historias que refieren a vivir por fe, y la recompensa que le sigue:

Mateo 8:5-10 “5 Al entrar Jesús en Capernaúm, se le acercó un centurión pidiendo ayuda.

6 —Señor, mi siervo está postrado en casa con parálisis, y sufre terriblemente.

7 —Iré a sanarlo —respondió Jesús.

8 —Señor, no merezco que entres bajo mi techo. Pero basta con que digas una sola palabra, y mi siervo quedará sano. 9 Porque yo mismo soy un hombre sujeto a órdenes superiores, y además tengo soldados bajo mi autoridad. Le digo a uno: “Ve”, y va, y al otro: “Ven”, y viene. Le digo a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace.

10 Al oír esto, Jesús se asombró y dijo a quienes lo seguían: —Les aseguro que no he encontrado en Israel a nadie que tenga tanta fe”. El centurión mostró una fe genuina, ya que pese a no ser judío ni cristiano, él sabía que el milagro podía suceder. El mismo Jesús se maravilló por la cantidad de fe que abundaba en su palabra.

Marcos 7:24 “24 Jesús partió de allí y fue a la región de Tiro. Entró en una casa y no quería que nadie lo supiera, pero no pudo pasar inadvertido.

25 De hecho, muy pronto se enteró de su llegada una mujer que tenía una niña poseída por un *espíritu maligno, así que fue y se arrojó a sus pies.

26 Esta mujer era extranjera,[b] sirofenicia de nacimiento, y le rogaba que expulsara al demonio que tenía su hija.

27 —Deja que primero se sacien los hijos —replicó Jesús—, porque no está bien quitarles el pan a los hijos y echárselo a los *perros.

28 —Sí, Señor —respondió la mujer—, pero hasta los perros comen debajo de la mesa las migajas que dejan los hijos.

29 Jesús le dijo: —Por haberme respondido así, puedes irte tranquila; el demonio ha salido de tu hija”. Jesús tenía preferencia por su pueblo, pero al ver la respuesta de la mujer griega, también se convenció de la fe que tenía hacia Él.

Estas lecciones eran para sus discípulos. Los aleccionaba con personas que no eran afines a la ley ni a la fe que sin embargo, creían que Jesús podría obrar de manera positiva e impactante en sus vidas. Cuando se vive por fe, los resultados son inmediatos. La transferencia se hace en el mismo momento. Dios no responde a los lamentos ni la las lágrimas, sino a la fe que se le profese.

Hebreos 11:6 “En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan”.

Cuando claudicamos, no sólo el enemigo gana terreno, sino que también desagradamos a Dios, lo que imposibilita Su actuar. Y lo peor de todo, es que salimos del Reino de los Cielos. Sólo gente con fe apasionada, intensa, en ocasiones loca, puede entrar y vivir en dicho reino.

La fe no se puede compartir, ni prestar, ni heredar. Entonces sólo quedan dos caminos: claudicar – no creer, retroceder, negar, resistir – lo que causa que Dios nos tenga en mala estima; ó avanzar, sin detenerse pese a que no haya recursos o posibilidades, con la certeza de que Dios proveerá.

Este último camino, es la única forma en la que se puede vivir.

Hebreos 11:33 los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones,

34 apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros.

35 Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad.

No podemos claudicar. Ni detenernos o darle lástima a la gente.

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