El propósito de la semilla

La semilla no se guarda, la semilla se siembra, pues ése es su propósito

 

 

 

El servicio del domingo marcó el inicio de una nueva serie de predicaciones, iniciando con el propósito de la siembra, de la semilla. Sin entrar en preámbulos, el pastor Armando Coria refirió el Salmo 126: “Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion,

Seremos como los que sueñan.

2 Entonces nuestra boca se llenará de risa,

Y nuestra lengua de alabanza;

Entonces dirán entre las naciones:

Grandes cosas ha hecho Jehová con éstos.

3 Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros;

Estaremos alegres.

4 Haz volver nuestra cautividad, oh Jehová,

Como los arroyos del Neguev.

5 Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán.

6 Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla;

Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas”.

Una persona que está cautiva (prisionero o retenido a la fuerza. ll Dominado por el cuerpo o el poder de alguien), no puede soñar, no tendrá aspiraciones ni anhelos. La cautividad puede darse en muchas áreas y ámbitos: deudas, ira, celos o amargura. ¿Qué soñará? Si su prisión lo domina, nada existe fuera de los límites impuestos.

En los versos 5 y 6 (5 Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. 6 Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla), se habla de una semilla, que no necesariamente se refiere a la simiente de las plantas, sino que puede verse como una metáfora para dar nacimiento a algo más, ya sea físico, mental o emocional. De esta manera, una palabra puede ser una semilla, así como lo puede ser un regalo o un insulto.

En Gálatas  6:7 y 6:9, se dice: “7 No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.

9 No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos”.

Lo que primero se lee como advertencia, después se transforma en una recompensa. Al sembrar el bien, eventualmente se segará también el bien. Dios no puede ser burlado. Al remarcar “no nos cansemos de hacer el bien”, se indica que la cosecha no llegará de inmediato, ésta entra en el plan de Dios y tarde o temprano regresará al sembrador.

De cada acto, palabra, pensamiento o actitud recibimos una cosecha. Por ello, es importante reflexionar en torno a lo que se ha sembrado. ¿Qué es lo que hemos sembrado?

Nuestras semillas deben ser cuidadas porque son preciosas y hay algunas de las que ni siquiera nos damos cuenta que son semillas. Los hijos son un ejemplo muy claro. En ocasiones son maldecidos por sus propios padres. O las personas bendecidas con ofrendas o regalos. Al renegar sobre ayudar a alguien más, se maldice la semilla. Las dudas y el enojo también hacen que se pisoteen las semillas, dando como resultado un fruto amargo, marchito o inservible.

Por otro lado, la retención de la semilla trae como consecuencia una ausencia de cosecha. Si uno retiene bendiciones, ayudas o consejos, entonces está atrayendo una vida de escasez.

En 2 Corintios 9:10-11, se dice: “10 Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, 11 para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios”. Dios da las semillas: un cuerpo, un hijo, las fuerzas, mentalidad y actitud. Nadie puede tener nada si no es de parte de Él. Por ello, no se deben de renegar o esconder los frutos que Él da para bendición a terceros.

Al retomar la lectura de los versículos 5 y 6 del Salmo 126, se puede entender que se lleva la preciosa semilla con la intención de sembrarla luego de haber pasado cuarenta años en el desierto. Jamás vivieron de la siembra y la cosecha, porque éstas solo se daban en la Tierra Prometida. Nosotros vivimos actualmente en la Tierra de las Promesas, más de 30 mil de ellas contenidas en la Biblia, y no las aprovechamos, por ello se nos hace fácil maldecirlas o retenerlas.

Finalmente, hay que tomar en cuenta lo que se dice en esta parte de 2 Corintios: “6 Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.

7 Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.

8 Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra;

9 Como está escrito:

    Repartió, dio a los pobres;

    Su justicia permanece para siempre.

10 Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia,

11 para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios.

12 Porque la ministración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas acciones de gracias a Dios;”.

Los versículos del 6 al 9, hablan especialmente de dinero. La semilla siempre debe cumplir con su función. No sirve si es maldecida o retenida. Sin preocuparnos, hay que confiar que Dios hará que en nosotros haya gracia para tener siempre lo suficiente en nosotros, y lo abundante para los demás.

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