Congreso de Hombres Valientes – Promete vivir con honor e integridad

Al iniciar la primera plenaria del congreso, Carlos Ramos hizo un bosquejo histórico para ubicarnos en la situación actual de la idiosincrasia social. Siglos después de la muerte de Jesucristo, sucedieron la Edad Media, con una postura teocéntrica, y posteriormente la Ilustración, que dio pie a teorías evolucionistas que intentaron destruir el conocimiento de Dios, tachándolo de “moda”, esperando que la racionalización y el método científico triunfaran por sobre Dios.

Hoy en día, se vive un resurgimiento respecto a la espiritualidad en todo el mundo. La oferta, religiosa y no, no pode ser más extensa: cienciología, meditación, etc. Las personas buscan pero se pierden buscando la Verdad y el origen de todo: Dios. Sin bucar de más, las respuestas pueden encontrarse en la Biblia.

En Génesis 1:26 se dice “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra”.

Otra instrucción al Hombre reside en Génesis 1:28 “ Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”.

Otros valores prometidos por Dios se han ido sumando conforme uno avanza a través de los diferentes libros. Sin embargo, hoy en día todos esos valores se han perdido. Actualmente, la palabra de un hombre no tiene valor, se dice que entre más se tranza más se avanza, que si el cuerpo no es producto de un gimnasio, uno no tiene valor. Los valores que en un principio Dios nos otorgó, hoy se encuentran huecos, desaparecidos.

¿Qué sucede con la juventud hoy en día? En los setentas y sesentas, los jóvenes todavía tenían ganas de cambiar al mundo, la historia. Levantaban la voz, creaban movimientos, hoy en día, los jóvenes simplemente quieren disfrutar del mundo. No les interesa un cambio ni una transformación. Sociólogos dicen que hoy se vive en la era del hedonismo: la búsqueda del placer por el placer.  No hay propósito ni dirección, no hay a dónde ir.

Cuando uno menos se da cuenta, ya se pasó la juventud. Ya no hay vuelta atrás. El tiempo corre con cada día que pasa.

En Números 1:2-3: “2 Tomad el censo de toda la congregación de los hijos de Israel por sus familias, por las casas de sus padres, con la cuenta de los nombres, todos los varones por sus cabezas.

3 De veinte años arriba, todos los que pueden salir a la guerra en Israel, los contaréis tú y Aarón por sus ejércitos”, se explica que a los veinte años, un hombre ya era capaz de ir a la guerra y tener la responsabilidad completa sobre su vida y familia.

En Éxodo 33:11: “11 Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. Y él volvía al campamento; pero el joven Josué hijo de Nun, su servidor, nunca se apartaba de en medio del tabernáculo”, se introduce la fidelidad de Josué hacia Moisés. Al descender éste con las tablas, se encontró con el pueblo de Israel sumido en el hedonismo, todos salvo Josué, quien nunca se apartó de la posición que había asumido.

Éxodo 17:9-10 “9 Y dijo Moisés a Josué: Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano.

10 E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado” muestra la obediencia y la valentía de Josué, otro valor que escasea en estos tiempos. Nunca lo cuestionó, siempre supo cumplir con las órdenes de Moisés.

Inclusive, cuando se le entregó el poder y la autoridad sobre el pueblo de Israel se mantuvo con absoluta rectitud.

En Josué 24:14 “14 Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová.

15 Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová” se narra lo que Josué le dice al pueblo de Israel. Sus palabras, llenas de compromiso y convicción no temieron a las críticas de los demás, mantuvo sus ideales intactos.

Josué fue un hombre ejemplar para todos nosotros. Durante noventa años vivió con integridad para servir a Dios. Hoy en día, ¿cuánto vale nuestra palabra? ¿Cuántas promesas se han roto? ¿Cuántos creen en nosotros? ¿Dónde está nuestro honor, fidelidad, integridad y convicción?

El punto central es el siguiente: el problema no está en lo que hacemos ni en la disfuncionalidad en la que estamos sumergidos, el problema reside en lo que somos. Para lograr un cambio se debe atacar a lo que somos, no a lo que hacemos. Para enderezarnos, hay que volver al origen. Y el origen de todas las cosas, es Dios.

La integridad de Josué no residía en sí mismo, sino en que él estaba conectado al origen, a Dios. Mientras no estemos conectados al origen, nunca avanzaremos. Desfilarán psicólogos, consejeros, amigos, y demás personas, pero por más terapias y consejos, una persona no verá los frutos que se tienen planeados si no se encuentra conectado con Dios.

Y quizás nuestras familias esperen y anhelen que nos convirtamos, que cambiemos, que nos transformemos. Así que ¿por qué no aceptar el reto de conectarnos al  origen? Quizás, con nuestra propia conversión, habremos sembrado otros frutos de salvación, los de nuestra propia familia.

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