Congreso de Hombres Valientes – Promete amar a tu esposa

Las mujeres sienten los hombres razonan. En base en este concepto, los hombres tenemos la habilidad de lastimarlas hasta inconscientemente. Hombres y mujeres somos muy diferentes, y en ocasiones no las logramos entender, pero tenemos que aprender a amarlas y cuidarlas a pesar de los malentendidos.

Por culpa nuestra existe el rencor en las mujeres. Por nuestras acciones surgen cantantes como Paquita la del Barrio, cuyas letras en contra de las acciones del hombre encuentran identificación en mujeres maltratadas y engañadas.

En 1 Reyes 12:14 se muestra el ejemplo erróneo: “4 y siguió más bien el de los jóvenes. Les dijo: «Si mi padre les impuso un yugo pesado, ¡yo les aumentaré la carga! Si él los castigaba a ustedes con una vara, ¡yo lo haré con un látigo!»”. Un hombre dominante ocasiona desobediencia a escondidas, crea a una esposa rebelde. Comenzará a trasgredir las rigurosas reglas de manera sutil.

Del otro lado se encuentra el hombre sumiso, presentado en 1 Reyes 21:25: “25 Nunca hubo nadie como Acab que, animado por Jezabel su esposa, se prestara para hacer lo que ofende al Señor”. Sometido a la voluntad de su esposa, el hombre va cambiando poco a poco hasta terminar sin voluntad propia. En 1 Reyes 21:1-4: “Un tiempo después sucedió lo siguiente: Nabot el jezrelita tenía un viñedo en Jezrel, el cual colindaba con el palacio de Acab, rey de Samaria. 2 Éste le dijo a Nabot:

—Dame tu viñedo para hacerme una huerta de hortalizas, ya que está tan cerca de mi palacio. A cambio de él te daré un viñedo mejor o, si lo prefieres, te pagaré lo que valga.

3 Pero Nabot le respondió:

—El Señor prohíbe que yo le venda a Su Majestad lo que heredé de mis antepasados.

4 Acab se fue a su casa deprimido y malhumorado porque Nabot el jezrelita le había dicho: «No puedo cederle a Su Majestad lo que heredé de mis antepasados.» De modo que se acostó de cara a la pared, y no quiso comer”. De esta manera, perdió su valor, y a la primera negativa se echó para atrás, hundido en una pasividad sin límites, y esperó a que su esposa resolviera los problemas.

Nuestra esposa no es nuestra madre. No tiene por qué mandarnos ni controlar nuestra vida. El hombre debe encontrar el balance en el control. Un hombre dominante crea una mujer rebelde, un hombre pasivo crea una mujer controladora.

En Eclesiastés se narra la historia de otro hombre, que tenía mil mujeres y que nunca atendió a su familia. Siempre tenía otras cosas que hacer.  Hombres afanados y obsesionados por el dinero que abandonan a su familia tampoco hacen bien, la presencia del padre y esposo son más importantes que el dinero que puedan traer. Según estudios, este tipo de hombres están más preocupados por obtener la aprobación de los demás que el obtener la aprobación de su familia.

1 Corintios 11:7 dice: “El hombre no debe cubrirse la cabeza, ya que él es imagen y gloria de Dios, mientras que la mujer es gloria del hombre”. Al ser el hombre la gloria de Dios, debe estar conectado a su origen. Esto quiere decir que el hombre es el primero que debe ver a Dios, y la mujer debe estar viendo al hombre. Si el hombre no está en su posición, conectado, entonces ¿qué ejemplo tiene la mujer? El hombre debe tener el plan de vida, la dirección y el proyecto, y la mujer debe mirar a él para seguirlo.

Por ende, cada vez que nos quejemos de nuestra mujer, debemos recordar que ella es sólo un producto de lo que hemos hecho con ella. Ella es el resultado de nuestras acciones y decisiones, de la trayectoria que hemos trazado para la familia.

Si nosotros sabemos cuál es nuestra raíz, entonces tendremos la idea del plan que tiene Dios para nosotros. Por ende, tendremos un fin y una dirección a la cual llegar. Por consiguiente, la mujer se sujetará a nosotros por voluntad. La mujer que el Señor nos entregó es para que la podamos bendecir. Tenemos que amar a nuestra mujer como Cristo amó a la iglesia desde el principio, esto se explica en Efesios 5:25: “25 Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella”. Aunque la iglesia estuvo muy torcida en un principio, Cristo la amó a pesar de todas esas fallas.

Esto es, amor incondicional, aunque la esposa haga lo que haga, sea como sea. El amor no es sólo un sentimiento, también es una decisión.

En 1 Pedro 3:7 “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo”. Vivir sabiamente con ella implica el entenderlas y tener detalles y atenciones que a la esposa le gusten pese a que nos sea difícil intentarlo.

En Génesis 2:15 se introduce la labor del hombre: “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase”. El preparar la tierra es también preparar la educación para su esposa y sus hijos, con la finalidad de que ellos sean productivos también en sus vidas.

Si hemos desviado el camino, es hora de enderezarlo. Nunca es tarde para aceptar nuestros errores, para cambiar las cosas con nuestra familia, para comenzar a bendecirlas y a tratarlas como se merecen.

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