Congreso de Mujeres Valientes – Vive con integridad

Tras la gratificante inauguración, a cargo de Julio Melgar y su banda, Stephanie Coria expuso la primera plenaria del Congreso de Mujeres Valientes con una cálida bienvenida a todas las asistentes. Inició su plenaria con la historia de Noé y la construcción del arca en el capítulo 6 de Génesis: “5 Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.

6 Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón”.

El objetivo por el cual Dios nos hizo hombre y mujer en la Tierra fue para tener una comunión con Él. Ya desde ese entonces sin embargo, los ojos de la humanidad ya se habían vuelto lejos de Dios, y sus corazones se habían alejado.

La integridad es un tema muy difícil, que inclusive no se suele hablar al interior de las congregaciones por miedo a la confrontación con las personas. Y aunque ciertamente un tiempo de confesiones no es agradable, resulta necesario en un evento de esta magnitud, sobre todo para sincerarnos con nosotras mismas. Ningún análisis clínico o médico puede revelar los pensamientos de las personas. Nada puede extraerlos, el diagnóstico inicia saliendo de la voluntad de uno mismo. Santiago 4:8 “8 Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones”.

La hipocresía es algo que mora en los corazones de todos nosotros. En un margen mayor o menor, todos la hemos experimentado en nuestras vidas en alguna u otra manifestación. En ocasiones ni siquiera somos conscientes de los pecados y errores que se van formando en nuestras vidas. Los camuflamos entre las virtudes y la posición de hijas de Dios, pero permanecen latentes, bajo la superficie, y afloran cuando se presentan las condiciones propicias. La historia de Daniel es un ejemplo de cómo una persona puede vivir con integridad en un ambiente adverso.

Daniel 1 dice: “19 Y el rey habló con ellos, y no fueron hallados entre todos ellos otros como Daniel, Ananías, Misael y Azarías; así, pues, estuvieron delante del rey.

20 En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino”. Daniel y compañía fueron movidos hacia otro lugar y cultura, por lo que tuvieron que hacer un esfuerzo por conservar su idiosincrasia e identidad. Como cancunenses, la mayoría de nosotras también sufrimos estos cambios, y pudo haberse desatado en nosotras una pérdida de identidad.

Daniel se mantuvo alejado de todo: Daniel 1:8 “Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse”.

Como mujeres, que inclusive decimos que le pertenecemos a Dios, también nos percatamos de que nuestros corazones han sido tocados y manchados por agentes externos. Aún como hijos de Dios, nuestros corazones no están intactos. Por ello, es necesario que realmente le pertenezcamos. Y aquí inicia el diagnóstico:

  1. ¿Sientes repulsión por costumbres ajenas a tu convicción?
  2. ¿Qué pasa cuando estamos frente a una mentira? ¿Realmente nos contrista una situación de esta naturaleza? Nuestra integridad está siendo tocada desde la más pequeña e insignificante situación. Entonces, no solo nos manchamos, nos volvemos cómplices.
  3. ¿Te resultan agradables, interesantes y provocativas algunas de las cosas que el mundo te pueda ofrecer? Si la respuesta es afirmativa, entonces significa que ya entramos al juego del mundo de la carne. Y en este momento hay que detenerse, porque si permitimos un avance, que esto continúe, puede desembocar en una adicción.

El aspecto físico de una persona nos arroja indicadores de lo que sucede al interior de nuestra mente. Quizás no confesemos todo lo que tengamos que confesar, pero ciertos rasgos visibles, como el maquillaje, la vestimenta, la música, libros y películas de nuestra predilección hablarán más de nosotros mismos de lo que pensemos. Como mujeres, nuestras capacidades de comunicación y manipulación son enormes, exageradas. La apariencia no es el juicio final, pero sí puede arrojarnos rasgos certeros de lo que existe y abunda en nuestro corazón.

La religiosidad es otro aspecto igualmente peligroso. Como mujer, en ocasiones tenemos la falda larga, y la lengua también muy larga. Jesucristo vino a salvar al mundo de las religiones, y una actitud religiosa también puede llegar hasta la hipocresía.

Hay que dejar de ser personas de doble ánimo, para pertenecerle a Dios de manera completa. Sólo cuando caminemos en concordancia con los mandamientos de nuestro Señor podremos pertenecerle realmente. En Deuteronomio se habla de circuncidar el corazón, que significa separar todo lo que no le pertenece para mantenerlo limpio y sano.

Daniel y sus compañeros se mantuvieron con la convicción completa de no probar ni contaminarse con la comida, bebida y costumbres de la tierra a donde fueron llevados. ¿Por qué si ellos pudieron mantenerse en concordancia, nosotros nos desviamos hacia el adulterio, el chisme, las conversaciones de doble sentido y otras cosas del mundo? ¿Por qué cuando llegamos a un puesto de poder nos corrompemos?

En la historia de Daniel, capítulo tres, se muestra la convicción que tienen en Jehová, tanto así que aún cuando iba a ser arrojado a un horno de fuego, nunca dudó de que Dios lo salvaría: “14 Habló Nabucodonosor y les dijo: ¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed-nego, que vosotros no honráis a mi dios, ni adoráis la estatua de oro que he levantado?

15 Ahora, pues, ¿estáis dispuestos para que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?

16 Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto.

17 He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará.

18 Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado”.

Cada vez que mentimos, que no nos regimos por justicia y verdad, estamos lastimando el corazón de Jehová. La integridad abarca todo, nuestros gustos, características, la vestimenta, inclusive las decisiones que tomamos para con nuestro cuerpo: si lo tatuamos, perforamos, alimentamos mal, etc. Cuando la carne se apodera del cuerpo y de la mente, hay pecado. En 1 Juan 3 se dice: “19 Y en esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de él;

20 pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas”.

Cuando la conciencia sigue remordiéndonos por nuestros actos, significa que aún no hemos llegado a un arrepentimiento genuino. Es tiempo para adorar a Dios, para postrarnos ante Él tal cual somos, con nuestras virtudes y pecados, llenas de un verdadero arrepentimiento y esperanza de cambio.

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