Anhelar la presencia de Dios

Honra y deshonra a la presencia de Dios

El pueblo de Israel sale de Egipto luego de estar esclavizados durante 400 años, bajo el liderazgo de Moisés, escogido por Jehová para llevarlos a la Tierra Prometida. En el transcurso del viaje, el Señor les dio una serie de ordenanzas y lineamientos. Entre ellas, les otorgó las instrucciones para construir el Arca de la Alianza, como se refiere en Éxodo 25: “10 Harán también un arca de madera de acacia, cuya longitud será de dos codos y medio, su anchura de codo y medio, y su altura de codo y medio.

11 Y la cubrirás de oro puro por dentro y por fuera, y harás sobre ella una cornisa de oro alrededor”.

Más tarde, ordena a Moisés colocar el Arca en un lugar especial: Éxodo 26:33 “33 Y pondrás el velo debajo de los corchetes, y meterás allí, del velo adentro, el arca del testimonio; y aquel velo os hará separación entre el lugar santo y el santísimo”. El lugar del Arca, donde moraba la presencia de Dios, era llamado el lugar santísimo, y ahí sólo podía entrar el sacerdote, para hacer expiación de pecados, entre otras liturgias. Al entrar, se colocaba doce campanas y doce piedras, que representaban las tribus de Israel. También tenía un cordón atado al tobillo, una medida de precaución en caso de que la presencia de Dios lo fulminara, si es que el sacerdote andaba en pecado. Si las campanas dejaban de sonar, otros que esperaban afuera jalaban el cordón para sacar el cadáver del sacerdote. El pueblo de Israel entendía de manera muy clara que era la presencia de Dios la que hacía todos los milagros, la que tornaba sus vidas de manera diferente, bendecida. Era la protección y la guía del pueblo.

En 1 Samuel 4 se narra la parte de la historia donde Israel fue vencido por los filisteos en batalla: “1 Y Samuel habló a todo Israel.

Por aquel tiempo salió Israel a encontrar en batalla a los filisteos, y acampó junto a Eben-ezer, y los filisteos acamparon en Afec.

2 Y los filisteos presentaron la batalla a Israel; y trabándose el combate, Israel fue vencido delante de los filisteos, los cuales hirieron en la batalla en el campo como a cuatro mil hombres.

3 Cuando volvió el pueblo al campamento, los ancianos de Israel dijeron: ¿Por qué nos ha herido hoy Jehová delante de los filisteos? Traigamos a nosotros de Silo el arca del pacto de Jehová, para que viniendo entre nosotros nos salve de la mano de nuestros enemigos.

4 Y envió el pueblo a Silo, y trajeron de allá el arca del pacto de Jehová de los ejércitos, que moraba entre los querubines; y los dos hijos de Elí, Ofni y Finees, estaban allí con el arca del pacto de Dios.

5 Aconteció que cuando el arca del pacto de Jehová llegó al campamento, todo Israel gritó con tan gran júbilo que la tierra tembló.

6 Cuando los filisteos oyeron la voz de júbilo, dijeron: ¿Qué voz de gran júbilo es esta en el campamento de los hebreos? Y supieron que el arca de Jehová había sido traída al campamento.

7 Y los filisteos tuvieron miedo, porque decían: Ha venido Dios al campamento. Y dijeron: ¡Ay de nosotros! pues antes de ahora no fue así.

8 ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de estos dioses poderosos? Estos son los dioses que hirieron a Egipto con toda plaga en el desierto”.

Sin embargo, los filisteos tomaron fuerzas, vencieron a los israelitas y robaron el Arca. En nuestras vidas, nosotros también nos comportamos de esta manera: usamos a Dios como un amuleto que nos pueda traer suerte y éxito en la vida. No nos detenemos a pensar que el usarlo de esta manera es pretender manipularlo, sin tener honra.

Actuando de esta manera, lo único que propició el pueblo de Israel fue alejar la presencia de Dios: 1 Samuel 4:11 “Y el arca de Dios fue tomada, y muertos los dos hijos de Elí, Ofni y Finees”.

1 Samuel 5:1-2 “Cuando los filisteos capturaron el arca de Dios, la llevaron desde Eben-ezer a Asdod.

2 Y tomaron los filisteos el arca de Dios, y la metieron en la casa de Dagón, y la pusieron junto a Dagón”. Pero el Arca sólo causó tormentos a los filisteos, al grado de destruir parcialmente la estatua de Dagón, al grado de que finalmente fue devuelta al pueblo israelí.

En 2 Samuel, David viaja por el Arca junto a todo su pueblo: 2 Samuel 6 “1 David volvió a reunir a todos los escogidos de Israel, treinta mil.

2 Y se levantó David y partió de Baala de Judá con todo el pueblo que tenía consigo, para hacer pasar de allí el arca de Dios, sobre la cual era invocado el nombre de Jehová de los ejércitos, que mora entre los querubines.

3 Pusieron el arca de Dios sobre un carro nuevo, y la llevaron de la casa de Abinadab, que estaba en el collado; y Uza y Ahío, hijos de Abinadab, guiaban el carro nuevo.

4 Y cuando lo llevaban de la casa de Abinadab, que estaba en el collado, con el arca de Dios, Ahío iba delante del arca.

5 Y David y toda la casa de Israel danzaban delante de Jehová con toda clase de instrumentos de madera de haya; con arpas, salterios, panderos, flautas y címbalos.

6 Cuando llegaron a la era de Nacón, Uza extendió su mano al arca de Dios, y la sostuvo; porque los bueyes tropezaban.

7 Y el furor de Jehová se encendió contra Uza, y lo hirió allí Dios por aquella temeridad, y cayó allí muerto junto al arca de Dios.

8 Y se entristeció David por haber herido Jehová a Uza, y fue llamado aquel lugar Pérez-uza,[a] hasta hoy”.

El ambiente al trasladar el Arca del Pacto era de fiesta. Por fin, la presencia de Jehová regresaría a su casa, al ligar de donde nunca debió haber sabido. Por ignorancia, la suben a un carro, y al pasar por un lugar donde había piedras, ésta comenzó a tambalearse. Uza, con la intención de que el Arca no fuera a caerse, trató de sujetarla y cayó muerto, fulminado.

Aún con todas las buenas intenciones, la ignorancia propició un mal camino para Uza, y trajo tristeza y lamentación a David. Y es que el Arca tenía una forma única de ser trasladada, no podía ser tocada por ningún hombre.

Nosotros también podemos ser ignorantes en los asuntos de Dios. Con nuestra ignorancia, manoseamos la presencia de Dios, y Su presencia no puede ser manoseada. A veces nos acostumbramos tanto a Su presencia, que hacemos mal manejo de los tiempos en la presencia de Dios.

Pero la presencia de Dios también provoca bendición: 2 Samuel 6:10 “De modo que David no quiso traer para sí el arca de Jehová a la ciudad de David; y la hizo llevar David a casa de Obed-edom geteo.

11 Y estuvo el arca de Jehová en casa de Obed-edom geteo tres meses; y bendijo Jehová a Obed-edom y a toda su casa.

12 Fue dado aviso al rey David, diciendo: Jehová ha bendecido la casa de Obed-edom y todo lo que tiene, a causa del arca de Dios. Entonces David fue, y llevó con alegría el arca de Dios de casa de Obed-edom a la ciudad de David”.

El Señor bendice familias y casas cuando Su presencia está ahí. En nuestras oraciones debe estar siempre el pedir que Dios nos bendiga con Su presencia. De nada sirve tener Biblia, libros, música de alabanza, si en nuestra casa no está la presencia de Dios. Su presencia es la que hace la diferencia, es la que nos torna victoriosos, la que abre las puertas, la que nos hace superar los obstáculos. Al morir Jesucristo en la cruz, tras haber pronunciado “consumado es”, el velo del templo, que dividía al lugar santísimo, se rompió y la presencia del Espíritu de Dios se liberó por el mundo.

La presencia de Dios nos cambia la vida. Le da calor al hogar. Cambia nuestro rostro hacia los demás. Cuando la tenemos presentes, la llevamos a todos lados, nos llenamos como si de alimento se tratara, y a la vez anhelamos más y más. Apacigua el hogar y a nuestros hijos. Prospera nuestros negocios y nuestra economía. No hay que tratar Su presencia, tan santa, como un mero amuleto, como una garantía material de que nos irá bien. El anhelo debe ser por su Espíritu, por no vivir secos de Dios.

 

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