Prudencia

Prudencia es vivir lo que se predica. Pese a todo.

 

La predicación de este domingo se centró específicamente en la prudencia. El pastor Armando Coria inició el desarrollo del tema con la cita de Proverbios 27:12 “El avisado ve el mal y se esconde;

Mas los simples pasan y llevan el daño”.

En esta cita, la palabra avisado también puede interpretarse como “sensato”. Un hombre sensato o prudente, es una persona precavida, al pendiente y cuidado de las cosas. Mateo expande esta noción: Mateo 7:24-25 “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.

25 Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca”.

A muchos nos hace falta la prudencia. En estos versículos, Jesús explica que ante la calamidad, quien hace caso sobre un consejo dado, no será arrasado por la tempestad. Por el contrario:  Mateo 7:26-27 “26 Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena;

27 y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina”.

La imprudencia nos puede comprometer con eventos que después no podemos cumplir, con préstamos de dinero o compromisos que de antemano sabemos que acabarán mal. Por ello, debemos prepararnos para cuando venga el peligro. En la versión Dios Habla Hoy, el Proverbio 27:12 se escribe de la siguiente manera: “12 El prudente ve el peligro y lo evita;

el imprudente sigue adelante y sufre el daño”.

Las Palabra nos guía a tener el discernimiento para prevenir malos tiempos, decisiones o acciones. El Proverbio 10:19 dice: “El que mucho habla, mucho yerra;

callar a tiempo es de sabios”.

Deuteronomio 30:19 dice: “19 En este día pongo al cielo y a la tierra por testigos contra ustedes, de que les he dado a elegir entre la vida y la muerte, y entre la bendición y la maldición. Escojan, pues, la vida, para que vivan ustedes y sus descendientes;”.

Al ser insensatos, decimos lo primero que nos viene a la mente. Tanto el chisme como las maldiciones que a menudo proferimos – aun cuando las decimos de manera superficial – nos pueden llevar a situaciones negativas. Por ello, en ocasiones en donde no existe la necesidad de hablar, es mejor mantener el silencio.

Por ello, en Proverbios 17: 28 “Hasta el necio pasa por sabio e inteligente

cuando se calla y guarda silencio”. En pocas palabras, el ser prudente nos hace sabios. Hay ocasiones en las que no tenemos que hablar por hablar, sino pensar en la forma y el contenido de nuestro mensaje antes de comunicarlo. Proverbios 17:27 dice: “Es de sabios hablar poco,

y de inteligentes mantener la calma”. Cuando se caldean los ánimos, la cabeza debe conservarse fría y los pensamientos en línea. Nuestra lengua tiene el poder para bendecir o maldecir, y es un poder del que pocos estamos conscientes. Al soltar las palabras, ya no las podemos detener. Ya no nos pertenecen. En el momento en el que nos comportamos con cordura y conciencia, estaremos obrando de manera correcta, y tendremos la satisfacción de no haber provocado heridas innecesarias.

La historia de David y Jonatán en 1 Samuel 18:1-5: “1 Aconteció que cuando él hubo acabado de hablar con Saúl, el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo.

2 Y Saúl le tomó aquel día, y no le dejó volver a casa de su padre.

3 E hicieron pacto Jonatán y David, porque él le amaba como a sí mismo.

4 Y Jonatán se quitó el manto que llevaba, y se lo dio a David, y otras ropas suyas, hasta su espada, su arco y su talabarte.

5 Y salía David a dondequiera que Saúl le enviaba, y se portaba prudentemente. Y lo puso Saúl sobre gente de guerra, y era acepto a los ojos de todo el pueblo, y a los ojos de los siervos de Saúl”.

Jonatán era el heredero natural de Saúl al trono. Pero entre él y David había una gran amistad. Tal era el sentimiento, que le entregó su manto, sus ropas y su espada, un gesto que en ese entonces significaba entregar la vida, de aceptar la identidad del otro como la propia, y el aceptarlo como un guerrero. Además, Saúl lo colocó en un rango alto sobre el ejército. Y todo esto no trastornó la mente ni el comportamiento de David. Se mantuvo prudente, como dice la Palabra, pese a todos los honores.

David podía haber cambiado. Podía haberse vuelto altivo, déspota, pudo comprometer puestos ya con la unción sobre él, con la seguridad de que sería rey. La historia también presenta la imprudencia de Saúl, y muestra cómo David se mantuvo en su posición prudente hasta el final: 1 Samuel 18:6 Sin embargo, cuando las tropas regresaron después que David mató al filisteo, de todas las ciudades de Israel salieron mujeres a recibir al rey Saúl cantando y bailando alegremente con panderos y platillos. 7 Y mientras cantaban y bailaban, las mujeres repetían:

«Mil hombres mató Saúl,

y diez mil mató David.»

 

8 Esto le molestó mucho a Saúl, y muy enojado dijo:

—A David le atribuyen la muerte de diez mil hombres, y a mí únicamente la de mil. ¡Ya sólo falta que lo hagan rey!

9 A partir de entonces, Saúl miraba a David con recelo.

10 Al día siguiente, el espíritu maligno mandado por Dios se apoderó de Saúl, y éste se puso como loco dentro de su palacio. David estaba tocando el arpa, como de costumbre, y Saúl tenía su lanza en la mano. 11 De pronto Saúl levantó la lanza con la intención de clavar a David en la pared, pero David esquivó a Saúl dos veces.

12 Saúl tenía miedo de David, porque el Señor ayudaba a David pero ya no lo ayudaba a él.

13 Por eso lo retiró de su lado y lo nombró comandante de un batallón, al frente del cual salía a campaña y volvía.

14 Y como el Señor lo ayudaba, David tenía éxito en todo lo que hacía.

David no cambiaba respecto al círculo social en el que se encontrase. La prudencia cubrió cada uno de estos aspectos con integridad y entereza. Y su prudencia provocaba miedo en Saúl: “1 Samuel 18:15 Y viendo Saúl que se portaba tan prudentemente, tenía temor de él”. Su misma prudencia, más tarde en la historia, lo llevó a ser rey.

Prudente es quien cumple las promesas. Quien enfrenta las inclemencias del tiempo. Quien se preocupa más por la satisfacción del cliente que de los horarios laborales. Quien no abusa de su autoridad. Quien es buen hijo, buen padre y ciudadano. Quien analiza su condición, quien se esfuerza para seguir adelante y hace un trabajo meritorio. Quien cuida su cuerpo y que esté con el Espíritu Santo. El mismo Salomón, en sus múltiples lecciones, dijo que había tiempo para callar y para hablar. La pregunta es ¿somos prudentes?

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