Acción y oración para enfrentar los problemas

 

Domingo 14 de Octubre de 2012

Los problemas no se acaban cuando recibimos al Señor. La vida en Cristo no será sencilla ni estará libre de problemas ni aflicciones. El problema no es cuántos de ellos tengamos, sino la manera en la que los afrontamos. Dice la Palabra en Juan 16:33: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”. A los discípulos se los dijo a manera de advertencia cuando fueran a compartir el evangelio a las naciones.

A nadie nos gusta tener problemas, muchos quisiéramos que desaparecieran para siempre, que nuestros días fueran buenos y agradables, mas muchas veces no es así. En ocasiones las dificultades inician desde que nos levantamos, ya sea que el carro no funciona o que el café se nos derramó. Algo tan trivial o tan profundo nos arruina el ánimo.

A Nehemías también le llegaron malas noticias, en Nehemías 1:1-7 se dice: “1  Palabras de Nehemías hijo de Hacalías. Aconteció en el mes de Quisleu, en el año veinte, estando yo en Susa, capital del reino,

2 que vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos varones de Judá, y les pregunté por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén.

3 Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego.

4 Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos.

5 Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos;

6 esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado.

7 En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo”.

No hay nada de malo en llorar. Existen momentos en los que tenemos que apartarnos para encontrar la salida a los problemas que, como a Nehemías, también nos llegan en todo momento. El chiste es no quedarnos en esa fase, sino avanzar, porque llegarán más tribulaciones.

Nehemías, por un tiempo, no tenía ganas de levantarse, pero después se recompuso e hizo otras acciones, con Dios como la primera puerta que abrió. Por ello, hizo duelo, ayunó y oró delante de Dios. La única persona que podía darle una alianza era Jehová, la única fuerza capaz de restaurar todo. A diferencia de él, muchos de nosotros llegamos a Dios como nuestra última salvación, después de haber probado todo lo demás. En el versículo 6, Nehemías clamó a Dios para que escuchara su oración. Dios tiene oídos, y oye, tiene brazos, y abraza, a diferencia de los ídolos de plata y oro, que muchas veces preferimos sobre Dios: Salmos 115 “1 No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros,

    Sino a tu nombre da gloria,

    Por tu misericordia, por tu verdad.

2 ¿Por qué han de decir las gentes:

¿Dónde está ahora su Dios?

3 Nuestro Dios está en los cielos;

Todo lo que quiso ha hecho.

4 Los ídolos de ellos son plata y oro,

Obra de manos de hombres.

5 Tienen boca, mas no hablan;

Tienen ojos, mas no ven;

6 Orejas tienen, mas no oyen;

Tienen narices, mas no huelen;

7 Manos tienen, mas no palpan;

Tienen pies, mas no andan;

No hablan con su garganta.

8 Semejantes a ellos son los que los hacen,

Y cualquiera que confía en ellos”.

Se vale llorar, pero también se vale acercarse a Dios, como Nehemías en Nehemías 1:11 “Te ruego, oh Jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de copero al rey”. A la vez que oró, afirmó que enfrentaría los problemas, que haría lo que estuviera en sus manos para resolver la situación.

Por ello, hay que llorar menos y accionar más. Hacer oraciones eficaces, como Nehemías, que pidió éxito y gracias de parte de Jehová ante los demás, y le fueron concedidos: Nehemías 2:1-3 “1 Sucedió en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, que estando ya el vino delante de él, tomé el vino y lo serví al rey. Y como yo no había estado antes triste en su presencia,

2 me dijo el rey: ¿Por qué está triste tu rostro? pues no estás enfermo. No es esto sino quebranto de corazón. Entonces temí en gran manera.

3 Y dije al rey: Para siempre viva el rey. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego?”.

Pese a su depresión, Nehemías se paró frente al rey. Accionó y al final su oración eficaz tuvo efecto en Nehemías 2:4-5 “4 Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos,

5 y dije al rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificaré

6 Entonces el rey me dijo (y la reina estaba sentada junto a él): ¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás? Y agradó al rey enviarme, después que yo le señalé tiempo.

7 Además dije al rey: Si le place al rey, que se me den cartas para los gobernadores al otro lado del río, para que me franqueen el paso hasta que llegue a Judá;

8 y carta para Asaf guarda del bosque del rey, para que me dé madera para enmaderar las puertas del palacio de la casa, y para el muro de la ciudad, y la casa en que yo estaré. Y me lo concedió el rey, según la benéfica mano de mi Dios sobre mí”.

Dios escuchó la oración eficaz de Nehemías y abrió las puertas para que el rey, solito, inquirió lo que Nehemías pedía, y todo lo que pidió, le fue concedido. Nehemías sólo era el copero del rey, mas la gracia que Dios le dio delante del rey logró abrir puertas para que las bendiciones cayeran.

Otros problemas sucedieron, gente quiso desanimar al pueblo judío cuando reconstruían la ciudad: Mehemías 4:1 “1 Cuando oyó Sanbalat que nosotros edificábamos el muro, se enojó y se enfureció en gran manera, e hizo escarnio de los judíos.

2 Y habló delante de sus hermanos y del ejército de Samaria, y dijo: ¿Qué hacen estos débiles judíos? ¿Se les permitirá volver a ofrecer sus sacrificios? ¿Acabarán en un día? ¿Resucitarán de los montones del polvo las piedras que fueron quemadas?

3 Y estaba junto a él Tobías amonita, el cual dijo: Lo que ellos edifican del muro de piedra, si subiere una zorra lo derribará”.

Lo que un hombre, después de llorar, puede hacer (levantarse, ayunar, orar y alcanzar) marca la diferencia ante los problemas. Tenemos que tener en mente quién está con nosotros, quién nos puede ayudar a superar y conquistar las adversidades. Y aún cuando apenas nos estamos levantando, vendrán personas como Tobías y Sanbalat, que injuriarán contra nosotros.

Pero siempre, el ánimo debe prevalecer para completar la misión y el objetivo, como vemos en Nehemías 4:4-6 “4 Oye, oh Dios nuestro, que somos objeto de su menosprecio, y vuelve el baldón de ellos sobre su cabeza, y entrégalos por despojo en la tierra de su cautiverio.

5 No cubras su iniquidad, ni su pecado sea borrado delante de ti, porque se airaron contra los que edificaban.

6 Edificamos, pues, el muro, y toda la muralla fue terminada hasta la mitad de su altura, porque el pueblo tuvo ánimo para trabajar”.

Hay tiempo marcado para todo: para reír y para dejar de hacerlo, para llorar, para bailar. No omitamos las etapas, pero tampoco nos enfrasquemos en ellas. El ánimo debe prevalecer en todo momento.

 

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