Siendo buenos administradores

La serie de predicaciones sobre economía, que inició con el mensaje de la diligencia en el trabajo y desechar la pereza, y que continuó con el riesgo de las deudas y los créditos, continuó este primer domingo de noviembre con un tema centrado en adquirir la perspectiva de Dios sobre el mundo, y que se presentó con 2 Timoteo 7: “7 Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”.

Para poder disfrutar de las bendiciones prometidas en la Biblia, es necesario entender la perspectiva de Dios, y ésta sólo se puede adquirir habiendo hecho conciencia sobre nuestra posición. ¿Cuánto hemos gastado durante el día? ¿Cuánto gastamos ayer? ¿En esta semana? ¿En un mes? Y al final de cuentas, todo lo que gastamos, ¿fue bien gastado? El problema más grave del asunto es que ni siquiera es nuestro dinero, porque nuestros ingresos le pertenecen al Señor.

En la antigüedad, cuando las Cruzadas se gestaron, los mercenarios que peleaban en nombre de Dios eran bautizados en los ríos previamente a la guerra. Ellos se sumergían en las aguas dejando su espada de lado, en la superficie, y mediante este gesto ellos comunicaban que sus vidas eran entregadas al Señor, mas no sus espadas, éstas les seguían perteneciendo para que los guerreros hicieran con ella lo que quisieran. Muchos cristianos hoy en día siguen la misma tradición, pero con sus carteras y posesiones.

Nada de lo que poseemos nos pertenece realmente, por la sencilla razón de que cuando partamos de este mundo no nos llevaremos nada con nosotros. Deuteronomio 8 abunda sobre esto: “17 y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza.

18 Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día”.

La hora de nuestra muerte nos es desconocida, Dios nos puso sobre esta Tierra para entregarle resultados de todo.

En Lucas 16, Jesús relata la parábola del Mayordomo Infiel: “1 Dijo también a sus discípulos: Había un hombre rico que tenía un mayordomo, y éste fue acusado ante él como disipador de sus bienes.

2 Entonces le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo acerca de ti? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo.

3 Entonces el mayordomo dijo para sí: ¿Qué haré? Porque mi amo me quita la mayordomía. Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza.

4 Ya sé lo que haré para que cuando se me quite de la mayordomía, me reciban en sus casas.

5 Y llamando a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo?

6 Él dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu cuenta, siéntate pronto, y escribe cincuenta.

7 Después dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Y él dijo: Cien medidas de trigo. Él le dijo: Toma tu cuenta, y escribe ochenta.

8 Y alabó el amo al mayordomo malo por haber hecho sagazmente; porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz.

9 Y yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas.

10 El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.

11 Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?

12 Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?”

Desde la perspectiva de Dios, como lo dice esta parábola, somos mayordomos de sus bienes sobre la faz de la Tierra. Existen necesidades básicas que no podemos quitar de nuestra mente, pero también existen lujos de los que creamos una necesidad. En eso hay que ser muy sabios. En la traducción al lenguaje actual, la misma parábola dice lo siguiente:

“Lucas 16: 1 Jesús también les dijo a sus discípulos:

«Había una vez un hombre muy rico, que tenía un empleado encargado de cuidar todas sus riquezas; pero llegó a saber que ese empleado malgastaba su dinero. 2 Entonces lo llamó y le dijo: “¿Qué es todo esto que me han dicho de ti? Preséntame un informe de todo mi dinero y posesiones, porque ya no vas a trabajar más para mí.”

3 »El empleado pensó: “Ahora que mi patrón me despide del trabajo, ¿qué voy a hacer? No soy fuerte para hacer zanjas, y me da vergüenza pedir limosna. 4 ¡Ya sé lo que haré, para que algunos me reciban en sus casas cuando me despidan!”

5 »El empleado llamó a cada uno de los que le debían algo a su patrón, y al primero le preguntó: “¿Cuánto le debes a mi patrón?” 6 Aquel hombre contestó: “Le debo cien barriles de aceite de oliva.” El empleado le dijo: “Aquí está tu cuenta. Rápido, siéntate y, en lugar de cien barriles, anota cincuenta.” 7 Luego le preguntó a otro: “Y tú, ¿cuánto le debes a mi patrón?” Ese hombre respondió: “Diez mil kilos de trigo.” El empleado le dijo: “Toma tu cuenta y anota ocho mil kilos.”

8 »Al saber esto, el patrón felicitó al empleado deshonesto por ser tan astuto. Y es que, para atender sus propios negocios, la gente de este mundo es más astuta que los hijos de Dios.

9 »Por eso a ustedes, que son mis discípulos, yo les aconsejo que usen el dinero obtenido en forma deshonesta para ganar amigos. Así, cuando se les acabe ese dinero, Dios los recibirá en el cielo.

10 »Al que cuida bien lo que vale poco, también se le puede confiar lo que vale mucho. Y el que es deshonesto con lo de poco valor, también lo será con lo de mucho valor. 11 Si a ustedes no se les puede confiar algo que vale tan poco, como el dinero ganado deshonestamente, ¿quién les confiará lo que sí es valioso? 12 Y si no se les puede confiar lo que es de otra persona, ¿quién les dará lo que será de ustedes?”

En esta parábola se puede ver que el amo (Dios), le exige cuentas a su mayordomo (nosotros), para comprobar que malgastaba el dinero. No hay peor cosa, que uno no pueda rendir cuentas de su dinero, porque sigue creyendo que es propio o porque su orgullo no se lo permite. Dios nos dice hoy que nuestros sueldos y ganancias también son Su dinero.

Cuando somos prudentes con los ingresos que percibimos, las emergencias no nos tomarán por sorpresa, sino preparados. Pero quien malgasta todo lo obtenido, terminará pidiendo préstamos en situaciones difíciles. La enseñanza final de Jesús es que quien cuide lo poco que tiene, también lo cuidará cuando tenga mucho. Sin embargo, quien no cuida lo mucho que percibe, o que percibe de manera deshonesta, nadie le confiará nada de mucho valor.

Muchas celebridades, como las incluidas en el infame “Club de los 27”, dilapidaron el dinero que ganaron y en ese exceso provocaron su muerte, quizás, de manera prematura. Nosotros como hijos de Dios, tenemos que actuar de manera diferente, ser fieles a Dios en todos los aspectos, incluido el económico, y esto incluye administrar de manera correcta los ingresos que el Señor nos da.

De la misma manera, en Mateo 25 Jesús comparte la parábola de Los Tres Empleados: “14 En el reino de Dios pasará lo mismo que sucedió cierta vez, cuando un hombre decidió irse de viaje. Llamó a sus empleados y les encargó su dinero. 15 El hombre sabía muy bien lo que cada uno podía hacer. Por eso, a uno de ellos le entregó cinco mil monedas, a otro dos mil, y a otro mil. Luego se fue de viaje.

16 »El empleado que había recibido cinco mil monedas hizo negocios con ellas, y logró ganar otras cinco mil. 17 El que recibió dos mil monedas ganó otras dos mil. 18 Pero el que recibió mil monedas fue y las escondió bajo tierra.

19 »Mucho tiempo después, el hombre que se había ido de viaje regresó, y quiso arreglar cuentas con sus empleados. 20 Llegó el que había recibido cinco mil monedas, se las entregó junto con otras cinco mil y le dijo: “Señor, usted me dio cinco mil monedas, y aquí tiene otras cinco mil que yo gané.”

21 »El hombre le dijo: “¡Excelente! Eres un empleado bueno, y se puede confiar en ti. Ya que cuidaste bien lo poco que te di, ahora voy a encargarte cosas más importantes. Vamos a celebrarlo.”

22 »Después llegó el empleado que había recibido dos mil monedas, y le dijo: “Señor, usted me dio dos mil monedas, y aquí tiene otras dos mil que yo gané.”

23 »El hombre le contestó: “¡Excelente! Eres un empleado bueno, y se puede confiar en ti. Ya que cuidaste bien lo poco que te di, ahora voy a encargarte cosas más importantes. Vamos a celebrarlo.”

24 »Por último, llegó el empleado que había recibido mil monedas, y dijo: “Señor, yo sabía que usted es un hombre muy exigente, que pide hasta lo imposible. 25 Por eso me dio miedo, y escondí el dinero bajo tierra. Aquí le devuelvo exactamente sus mil monedas.”

26 »El hombre le respondió: “Eres un empleado malo y perezoso. Si sabías que soy muy exigente, 27 ¿por qué no llevaste el dinero al banco? Así, al volver, yo recibiría el dinero que te di, más los intereses.”

28 »Entonces el hombre dijo a sus ayudantes: “Quítenle a éste las mil monedas, y dénselas al que tiene diez mil. 29 Porque al que tiene mucho se le dará más, y le sobrará; pero al que no tiene nada, hasta lo poco que tiene se le quitará. 30 Y a este empleado inútil, échenlo afuera, a la oscuridad; allí tendrá tanto miedo que llorará y le rechinarán de terror los dientes.”

Un administrador no sólo cuida que el dinero no se malgaste, sino que también se genere más. Nosotros también tendríamos, como el primer siervo, que aprender a hacer negocios para multiplicar lo que se nos de. Si somos empleados de Dios, como el segundo siervo, entonces también tendríamos que aprender a generar dinero para Él. Pero si somos como el tercer siervo, que cuidamos pero no generamos de manera positiva, entonces Dios nos tacharía como malos y perezosos, porque no nos esforzamos en lo más mínimo para hacer algo de provecho con lo que se nos da. De esta manera, Dios nos exige ser gente productiva.

Si el Señor ve que sabemos administrar bien Sus bienes, entonces nos abrirá las puertas para escalar a más y mejores bienes. Él está interesado en que seamos prósperos, pero es nuestra decisión si cumplimos eso o no.

Esta parábola está contenida entre un mensaje que habla sobre el Rapto y la segunda venida de Jesucristo. Mateo 25:3 “Por eso ustedes, mis discípulos, deben estar siempre alerta, porque no saben ni el día ni la hora en que yo volveré”. Y después de la parábola, continúa en Mateo 25 “31 Cuando yo, el Hijo del hombre, regrese, vendré como un rey poderoso, rodeado de mis ángeles, y me sentaré en mi trono. 32 Gente de todos los países se presentará delante de mí, y apartaré a los malos de los buenos, como el pastor que aparta las cabras de las ovejas.[a] 33 A los buenos los pondré a mi derecha, y a los malos a mi izquierda. 34 Entonces yo, el Rey, les diré a los buenos: “¡Mi Padre los ha bendecido! ¡Vengan, participen del reino que mi Padre preparó desde antes de la creación del mundo! 35 Porque cuando tuve hambre, ustedes me dieron de comer; cuando tuve sed, me dieron de beber; cuando tuve que salir de mi país, ustedes me recibieron en su casa; 36 cuando no tuve ropa, ustedes me la dieron; cuando estuve enfermo, me visitaron; cuando estuve en la cárcel, ustedes fueron a verme.”

 

37 »Y los buenos me preguntarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te dimos de comer? ¿Cuándo tuviste sed y te dimos de beber? 38 ¿Alguna vez tuviste que salir de tu país y te recibimos en nuestra casa, o te vimos sin ropa y te dimos qué ponerte? 39 No recordamos que hayas estado enfermo, o en la cárcel, y que te hayamos visitado.”

40 »Yo, el Rey, les diré: “Lo que ustedes hicieron para ayudar a una de las personas menos importantes de este mundo, a quienes yo considero como hermanos, es como si lo hubieran hecho para mí.”

41 »Luego les diré a los malvados: “¡Aléjense de mí! Lo único que pueden esperar de Dios es castigo. Váyanse al fuego que nunca se apaga, al fuego que Dios preparó para el diablo y sus ayudantes. 42 Porque cuando tuve hambre, ustedes no me dieron de comer; cuando tuve sed, no me dieron de beber; 43 cuando tuve que salir de mi país, ustedes no me recibieron en sus casas; cuando no tuve ropa, ustedes tampoco me dieron qué ponerme; cuando estuve enfermo y en la cárcel, no fueron a verme.”

44 »Ellos me responderán: “Señor, nunca te vimos con hambre o con sed. Nunca supimos que tuviste que salir de tu país, ni te vimos sin ropa. Tampoco supimos que estuviste enfermo o en la cárcel. Por eso no te ayudamos.”

45 »Entonces les contestaré: “Como ustedes no ayudaron ni a una de las personas menos importantes de este mundo, yo considero que tampoco me ayudaron a mí.”

46 »Esta gente malvada recibirá un castigo interminable, pero los que obedecen a Dios recibirán la vida eterna.»

El propósito de la parábola financiera es que los ingresos que generemos de los recursos que Dios nos de, nosotros podamos ayudar a las personas que más lo necesitan, los desamparados que Jesús considera sus hermanos.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s