Aprendiendo a ahorrar

El pasado domingo 11 de noviembre, el pastor Armando Coria continuó con la serie de libertad financiera que inició con la diligencia en las compras, y continuó con las deudas y créditos contraídos.

La plenaria comenzó con la cita de Josué 1:1 “Y aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló á Josué hijo de Nun, ministro de Moisés, diciendo:

2 Mi siervo Moisés es muerto: levántate pues ahora, y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, á la tierra que yo les doy á los hijos de Israel.

3 Yo os he entregado, como lo había dicho á Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie.

4 Desde el desierto y este Líbano hasta el gran río Eufrates, toda la tierra de los Hetheos hasta la gran mar del poniente del sol, será vuestro término”. Estos versículos hablan sobre la promesa de Dios a Josué, respecto a que le entregará todo lo que la planta de su pie pisare.

Después, presentó un video sobre la dilapidación del dinero en estos tiempos de consumismo, mismo que terminó con una reflexión alusiva a cuánto de lo que gastamos es realmente necesario. En tiempos antiguos, la costumbre y la educación financiera giraba en torno a que si no se tenía el dinero, no se debería comprar nada. Hoy en día, en cambio, la cultura ha cambiado y dicta que debemos tener posesiones para tener algún tipo de status social, así tengamos simplemente que aparentar. Y es que hay una diferencia entre tener riquezas y aparentar tenerlas. El consumismo nos bombardea día a día, nos empuja a adquirir lo que no necesitamos en un vano intento de encajar con los demás a través de marcas, precios y modas.

Los problemas maritales, en muchas ocasiones, se inician con las deudas, cuando no se tienen los recursos para subsistir de manera adecuada, o deseada. Si hacemos un análisis de nuestro comportamiento financiero, nos percataremos que somos consumistas, y algunos, consumistas compulsivo.

Si nosotros no nos convertimos en personas ahorradoras, tarde o temprano la crisis y los problemas van a llegar, acompañadas de un desastre en menor o mayor manera. Una buena estrategia es el lema de “peso ganado, medio peso comido, medio peso guardado”. De esa manera podremos tener siempre una reserva y un ahorro de todo lo que ganemos.

Génesis 41 habla sobre el sueño de Faraón y la historia de Josué: “28 Esto es lo que respondo a Faraón. Lo que Dios va a hacer, lo ha mostrado a Faraón.

29 He aquí vienen siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto.

30 Y tras ellos seguirán siete años de hambre; y toda la abundancia será olvidada en la tierra de Egipto, y el hambre consumirá la tierra.

31 Y aquella abundancia no se echará de ver, a causa del hambre siguiente la cual será gravísima.

32 Y el suceder el sueño a Faraón dos veces, significa que la cosa es firme de parte de Dios, y que Dios se apresura a hacerla”.

Después del sueño de Faraón, se buscó  aun hombre prudente que pudiera ayudarlo cuando los siete años de escasez llegaran. Por ende, durante la época de abundancia, José actuó con prudencia: “48 Y él reunió todo el alimento de los siete años de abundancia que hubo en la tierra de Egipto, y guardó alimento en las ciudades, poniendo en cada ciudad el alimento del campo de sus alrededores.

49 Recogió José trigo como arena del mar, mucho en extremo, hasta no poderse contar, porque no tenía número”.

José, mediante su prudencia, llevó al pueblo de Egipto a sobrellevar los siete años de escasez con lo ahorrado durante la época de plenitud. Su sabiduría y plenitud le llevaron a bendecir a muchas personas, e inclusive, a traer a su familia a Egipto y darles sustento.

Nunca estaremos seguros de si las calamidades y los problemas acontecerán pronto en nuestra vida. Si no tenemos ahorros o sustentos para las emergencias, nos veremos en problemas más serios que los acontecidos si nuestra prudencia nos hubiera llevado a tener seguridad financiera. }

En 2 Timoteo se habla de la promesa de Dios sobre el dominio propio: “7 Pues Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio”.

Y en este punto no debemos confundirnos. El mensaje no es para que dejemos de adquirir productos y vivamos una vida de austeridad, despojados de todo lo material. El verdadero mensaje es tener el dominio propio para no caer como esclavos de la publicidad. Y es que la publicidad manipula los sentimientos de las personas para hacerlos creer que si compran determinado bien o servicio serán diferentes, mejores.

Proverbios 6:6-8 dice: “6 ¡Anda, perezoso, fíjate en la hormiga!

    ¡Fíjate en lo que hace, y adquiere sabiduría!

7 No tiene quien la mande,

    ni quien la vigile ni gobierne;

8 con todo, en el verano almacena provisiones

    y durante la cosecha recoge alimentos”.

Este proverbio tiene tres consejos: ver, adquirir sabiduría y ahorrar. Como mexicanos, estamos estigmatizados a tal grado, que nuestra cultura termina siendo de pobreza. Es tal ese paradigma, se ha implantado como axioma tan profundamente en nuestra idiosincrasia, que buscamos desesperadamente adquirir cosas para demostrar que nos somos pobres. Los Hijos de Dios son sensatos cuando ahorran. Una persona sensata sabe ahorrar, y si sabe ahorrar, también planifica. A una persona así, no le importa el tiempo que tome el objetivo, y de esta manera, desarrollará paciencia. Es fácil irse a comprar algo en el momento, pero cuando ya desarrollamos la paciencia, se comprará lo que se necesita en el momento justo y necesario.

Proverbios 21:20 ejemplifica la diferencia entre el sabio y el necio en lo material: “En casa del sabio abundan las riquezas y el perfume,

    pero el necio todo lo despilfarra”.

No tenemos que desperdiciar nuestros bienes en afanes, apariencias o por presiones de la sociedad.

Entre las ofertas de siempre y promociones como El Buen Fin, una de las cosas primordiales que tenemos que aprender es la cultura del ahorro. Ya sea a través de una alcancía o una tarjeta de ahorro, si no afianzamos la idea y disciplina de ahorrar, no servirán de nada. Mediante una planeación y una disciplina, podremos tener una bendición económica si concentramos nuestros recursos en lo urgente y no en las vanidades.

Es cierto que para Dios no hay nada imposible, pero Él también ve nuestra actitud. Si es correcta, entonces las bendiciones caerán, pero si nuestro corazón no tiene hábitos y disciplinas, jamás nos colmará de bendiciones.

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