El Círculo de la Generosidad

 

El pasado domingo, el pastor Armando Coria cerró la serie de Libertad Financiera, que constó de cinco partes, y que cerró con el tema de “El Círculo de la Generosidad”.

La predicación dio inicio mostrando los valores de la primera administración, siendo el primero de ellos el dar con amor. Y éste se encuentra inscrito en el versículo más famoso de la Biblia, Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Y en la traducción del lenguaje actual: “Dios amó tanto a la gente de este mundo, que me entregó a mí, que soy su único Hijo, para que todo el que crea en mí no muera, sino que tenga vida eterna”.

Bajo este principio de amor, debemos guiar la administración de nuestros bienes, imitando así el sacrificio de Jesucristo. Y es que a muchos nos cuesta trabajo dar parte de los frutos trabajados, y cuando lo hacemos, a menudo es pro compromiso u obligación. De nada sirve la entrega sin amor, como se dice en 1 Corintios 13:3 “3 Si no tengo amor, de nada me sirve darles a los pobres todo lo que tengo. De nada me sirve dedicarme en cuerpo y alma a ayudar a los demás”.

La cuestión de dar va mucho más allá del acto, la importancia estiba en la actitud, la actitud de un amor genuino. Dios no ama al acto, ama cuando el corazón se desprende con alegría, 2 Corintios 9:7 “Cada uno debe dar según crea que deba hacerlo. No tenemos que dar con tristeza ni por obligación. ¡Dios ama al que da con alegría!”. Dios ve nuestro corazón dispuesto, no las apariencias, por ello, se debe dar siempre con alegría verdadera, nunca fingida.

Este principio, como se narra en el último capítulo del libro “Padre Rico, Padre Pobre”, se debe utilizar para empezar una vida de libertad financiera. En aquel libro, se dice que cuando se desee algo o exista alguna carencia, eso mismo se debe dar en cantidades abundantes. Este principio permanece inmutable.

Sin este primer principio, jamás se podrá ser un buen administrador. La advertencia a esto se encuentra en Gálatas 6:7 “7 No crean ustedes que pueden engañar a Dios. Cada uno cosechará lo que haya sembrado”. Por ende, lo que se siembre, será siempre lo que se cosechará. Nadie puede burlar a Dios, Él conoce nuestra disposición para hacer las cosas.

En primera instancia, hay que dar a Dios. Dice en Mateo 6: “20 sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.

21 Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.”. El corazón de Dios está en nosotros, y nuestro corazón debería centrarse más en los tesoros y las riquezas que podamos obtener en el cielo. Cuando prosperamos y empujamos a otros, estamos, precisamente, haciendo tesoros en el cielo.

Asimismo, hay que dar a al necesitado y a quien nos haya instruido en el camino de la fe. En el versículo anterior – Gálatas 6:6 – dice: “6 El que es instruido en el mensaje de Dios debe compartir con su maestro todo lo bueno que recibe”.

En Filipenses 4, el apóstol Pablo habla de la disposición de la gente de Filipo para otorgarles riquezas, para darle dinero en pos de la expansión del Evangelio sobre la faz de la Tierra. En su carta, exalta la actitud de este pueblo y menciona: “10 En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad.

11 No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.

12 Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.

13 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

14 Sin embargo, bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación.

15 Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos;

16 pues aun a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades.

17 No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta.

18 Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios.

19 Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.

20 Al Dios y Padre nuestro sea gloria por los siglos de los siglos. Amén”.

En el versículo 17, se explica que el propósito no es simplemente pedir, es para que el principio de la cosecha se cumpla en la vida de cada uno de nosotros, y de esta manera acumulemos bendiciones económicas en la tierra, y riquezas abundantes en el Cielo.

El principio de la abundancia se explica de esta manera: Dar -> Proveer la necesidad -> Abundancia material -> Dar, y este ciclo nunca termina. La generosidad abarca muchos ámbitos, el dar no es sólo a terceros, también es para uno mismo. Eventualmente, la cosecha obrará de formas intangibles y nos llegará tarde o temprano. La pregunta es: ¿Estamos dispuestos a bendecir nuestras vidas bendiciendo primero a los demás? Y si sí, ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar?

Para responder a esta pregunta, convendría leer 2 Corintios 9: “6 Acuérdense de esto: «El que da poco, recibe poco; el que da mucho, recibe mucho.» 7 Cada uno debe dar según crea que deba hacerlo. No tenemos que dar con tristeza ni por obligación. ¡Dios ama al que da con alegría! 8 Dios puede darles muchas cosas, a fin de que tengan todo lo necesario, y aun les sobre. Así podrán hacer algo en favor de otros. 9 Como dice la Biblia, refiriéndose al que es generoso:

«Siempre que ayuda a los pobres,

lo hace con generosidad;

y en todo sale triunfante.»

 10 Dios da la semilla que se siembra y el pan que nos alimenta, así que también les dará a ustedes todo lo necesario, y hará que tengan cada vez más, para que puedan ayudar a otros. 11 Los hará ricos, para que puedan dar mucho. Así, serán más los que den gracias a Dios por el dinero que ustedes van a reunir y que nosotros vamos a llevar. 12 Porque la ayuda de ustedes no sólo servirá para que los hermanos tengan lo que necesitan, sino que también hará que ellos den gracias a Dios. 13 Esa ayuda demostrará que ustedes han confiado en la buena noticia y obedecen su mensaje. Por eso, ellos alabarán y honrarán a Dios”.

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