Entender la justicia de Dios

A Dios no se le soborna con lágrimas, ayunos ni oraciones huecas.

 

Dios nos ama enorme e incondicionalmente. Sin embargo, también es un hecho que Dios es justo, y dentro de su justicia, hace llover sobre justos e injustos. Él perdona nuestros pecados, mas Su perdón no nos garantiza evadir las consecuencias de nuestros actos. Porque al final, la cosecha viene únicamente de lo que se siembra.

Romanos 13 dice: “1 Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.

2 De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos.

3 Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella;

4 porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo”.

Basado en las Escrituras, Dios está para con nosotros, con Su justicia de por medio. La pregunta, cuando nos sucede algo malo a pesar de “creernos justos”, es si realmente somos justos. De acuerdo a nuestros paradigmas y parámetros, podríamos volvernos a Él y reclamarle por las cosas y sucesos que nosotros creemos como “injustas”. En la Biblia, hay ocasiones en que se representa a Dios como un juez, pero se trata de un juez que está por encima de todo lo que nosotros conocemos por justicia.

Estamos acostumbrados a juzgar a nuestro parecer, mediante actos, y quizás por ello, las bendiciones otorgadas para quienes creemos injustos nos enfurecerán. Por ejemplo, ¿Qué pasaría si estando ya en el Cielo nos encontráramos con alguien que vivió una vida de pecado? Probablemente reclamaríamos y protestaríamos, pero Dios, en Su justicia, estableció que todo aquel que acepte a Cristo en su corazón, tendría su salvación. ¿Es por ello Dios, injusto? No, en este caso no hay perjuicio. ¿Por qué nos veríamos obligados a reclamar? De todas maneras, el beneficio de haber caminado al lado de Dios, gozando de sus bendiciones, es únicamente para uno mismo. La Salvación vino a los dos, pero sólo uno tuvo una vida diferente, plena y abundante en Cristo.

Mateo 20 nos enseña la parábola de Los Obreros de la Viña: “1 Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña.

2 Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña.

3 Saliendo cerca de la hora tercera del día, vio a otros que estaban en la plaza desocupados;

4 y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron.

5 Salió otra vez cerca de las horas sexta y novena, e hizo lo mismo.

6 Y saliendo cerca de la hora undécima, halló a otros que estaban desocupados; y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados?

7 Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado. El les dijo: Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo.

8 Cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros.

9 Y al venir los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario.

10 Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario.

11 Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia,

12 diciendo: Estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día.

13 Él, respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario?

14 Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti.

15 ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno?

16 Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos”.

En esta historia, tanto los obreros que trabajaron todo el día como los que trabajaron menos recibieron el mismo pago. La diferencia, es que los segundos trabajaron pensando y creyendo que recibirían lo justo, mientras que los primeros convinieron en un pago determinado.

Nuestro problema es que no entendemos realmente lo que es justicia. Él va a obrar de una manera justa, pero no podemos reclamar pagos mayores cuando nosotros no hacemos lo que nos corresponde. Por ello, debemos dejar atrás estas tribulaciones respecto a terceros, como se dice en Mateo 11: “28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;

30 porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”.

Jesús es quien nos dará la solución a nuestros problemas, nos está pidiendo nuestras cargas. Y lo justo en este caso, es que así como le dejamos nuestras cargas, también nos llevemos las Suyas. ¿Cuál es la carga de Jesús? Las personas, y ¿Qué se debe hacer con las personas? Hablarles de la Palabra del Señor.

Pero nos comportamos como si no le debiéramos nada. Como si lo único que se tuviera que hacer fuera darle nuestras cargas sin soportar la Suya en retribución. La cuestión es ¿Nos conviene ser justos? Dice Santiago 5:16 “16 Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho”.

Bien podemos ser cristianos fuera de la justicia. En esos casos, como dice la Biblia, la oración del justo es la que puede mucho. ¿Cómo ser justos? Hay una respuesta en Romanos 13: “6 Pues por esto pagáis también los tributos, porque son servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo.

7 Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra.

8 No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley”.

La recomendación para quienes trabajan para autoridades, o para quienes tienen jefes se encuentra en Efesios 6: “5 Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo;”. Obedecer, en pocas palabras. Y para los jefes, más adelante “9 Y vosotros, amos, haced con ellos lo mismo, dejando las amenazas, sabiendo que el Señor de ellos y vuestro está en los cielos, y que para él no hay acepción de personas”. No convertirse en un jefe tirano, dejar de lado la discriminación.

Asimismo, es justo obedecer a los padres, y la instrucción se encuentra al principio de ese mismo capítulo: “1 Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo.

2 Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa;

3 para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra”.

En contraparte, hay también guía para los padres: “4 Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor”.

Y apare de los lineamientos, también hay promesa para el justo, y se encuentra en Isaías 3: “10 Decid al justo que le irá bien, porque comerá de los frutos de sus manos”. Lo justo es que trabajemos, y trabajemos bien. Justo es no robar en el trabajo, pagar los impuestos establecidos, respetar los señalamientos, honrar al padre y a la madre, etc.

También en el libro de Proverbios podemos encontrar varios ejemplos de cómo debe ser un justo y qué consecuencias traerá este comportamiento:

Proverbios 21:21 “El que sigue la justicia y la misericordia

Hallará la vida, la justicia y la honra”.

Proverbios 21:3 “Hacer justicia y juicio es a Jehová

Más agradable que sacrificio”.

Proverbios 15:8 “El sacrificio de los impíos es abominación a Jehová;

Mas la oración de los rectos es su gozo”.

Proverbios 15:28 “El corazón del justo piensa para responder;

Mas la boca de los impíos derrama malas cosas”.

Proverbios 13:25 “El justo come hasta saciar su alma;

Mas el vientre de los impíos tendrá necesidad”.

Proverbios 44:16 “Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse;

Mas los impíos caerán en el mal”.

A Dios no se le soborna con lágrimas, ayunos ni oraciones huecas. Porque él es justo, y conforme a su justicia, dará todo lo que nos corresponde. Con Dios es sencillo, hay que ser justos, retribuir conforme se nos es dado, y se nos recompensará de manera correcta.

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