Sí nació Jesús

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Conocemos a nuestra familia. En menor o mayor medida, sabemos los nombres y rostros de nuestros familiares, ya sean descendientes o ancestros. Es importante que conozcamos nuestro árbol genealógico para saber de dónde venimos, y qué cargo ocupamos dentro de ese registro público.

Un árbol, además de dictar la línea histórica familiar, justifica títulos de nobleza, derechos de propiedad y herencias.

En Mateo 1 hay un árbol genealógico que es muy interesante: “Mateo 1:1-17”. La genealogía de Jesucristo se remonta directamente a Abraham, David y Salomón. Él tenía una historia llena de linaje que, como se dijo al principio, justifica su nobleza. En los versículos de Mateo 1:18-25 se explica el nacimiento de Jesús, cumpliendo con todas las profecías hechas al respecto.

En estas fechas, la celebración de la Navidad (que festeja el nacimiento de Jesús), ha tomado tintes más americanizados que han desviado nuestra visión original respecto a la fiesta. De igual manera, hay desacuerdos respecto a la fecha correcta del nacimiento, mientras que unas vertientes la colocan el 24 de diciembre, otros la fechan el 7 de enero.

Mateo 2:1 narra la visita de los llamados “Reyes Magos”, o más acertadamente, los sabios de oriente. Cuando uno lee esta porción del evangelio, se percata de que, históricamente, sí hubo un rey Herodes, sí está registrado como un hecho verídico. Por ende, se da un respaldo histórico al nacimiento de Jesucristo. Muchos historiadores han tratado de destruir la Palabra, de desmentir el nacimiento y la muerte de Jesús, uno en especial Josh McDowell terminó convertido en uno de los mejores autores cristianos en la actualidad.

De igual manera, nos damos cuenta de que no es Santa Claus el que trae regalos, sino los sabios de oriente, quienes permanecen sin ser nombrados. Evidentemente, no se llaman Melchor, Gaspar y Baltazar, mucho menos se definían sus rasgos raciales. Oro es símbolo de realeza, el incienso de adoración a Dios y la mirra es un símbolo de sufrimiento, ya que en ese entonces los cadáveres se embalsamaban con mirra. Oro como rey, incienso como Dios y mirra como hombre. Los presentes no eran para diversión de un niño Dios, sino símbolos para un personaje que profetizaron importante.

La visita previa con Herodes fue casi un reto a la autoridad impuesta. La pregunta de “¿Dónde está el Rey?”, hecha a otro rey, prácticamente minaba el poder. Aquí se distinguen dos actitudes. La reverencia y la postre ante un recién nacido en un pesebre lleno de animales, y la indiferencia en la opulencia de un palacio y un hombre investido y ataviado conforme a su nombramiento.

Conforme vayamos estudiando, creyendo y aprendiendo, nos daremos cuenta de una cosa, que Jesucristo sí nació y existió. Y entonces no podremos hacer más que lo que hicieron los sabios: postrarnos y adorarlo.

Predicar sobre estos datos resulta complejo cuando quien predica o comparte la Palabra no tiene las bases históricas que coinciden con los eventos bíblicos.

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