Propósitos para inicio de año

No podemos entristecernos por aquellas cosas que no pudimos hacer el año pasado. Estos momentos de reflexión, en donde se colocan en la balanza los triunfos y fracasos, forman parte de un proceso natural, no deben ser causa para entristecernos o lamentarnos, no podemos estacionarnos en las fallas.

Para ello, hay que regirnos bajo el siguiente principio: “los fracasos del año pasado, serán los triunfos de este año”. Aún hay tiempo para recuperar lo que quedó a la mitad y completarlo. Nunca es tarde para comenzar. El único camino seguro hacia el fracaso es el nunca intentar algo.

En términos de Dios, el Señor tiene un plan para nuestras vidas. Sin embargo, muchos de nosotros desconocemos cuáles son, y  esta ignorancia complica mucho el trazado de un plan para este año.

Efesios 2:10 dice “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”.

La Escritura nos dice que los planes ya están trazados, pero es nuestra labor descubrir cuáles son. Y no se habla de algo extraordinario, magnánimo, caritativo, religioso, no, se trata de simples cosas, hábitos, costumbres y valores que se pierden en la fricción entre la rutina y el estrés.

En Filipenses 3:13 el apóstol Pablo dice: “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante,”.

Y de esta manera, nos exhorta a olvidar el pasado, a olvidar los fracasos o el tiempo perdido, y también nos insta a continuar esforzándonos para alcanzar nuestros anhelos, siempre teniendo a Dios como el centro de nuestras vidas.

El enfoque se puede dar de dos maneras: en las que hemos perdido, o en las que estamos por conquistar. El balance es distinto: aprovechar las herramientas que Dios nos ha dado – salud, empleo, talento, etc. – o lamentarnos por las que no tenemos o hemos perdido.

El fracaso anterior bien puede ser aprovechado por Dios para bien durante este año. Pero para tenerlo, hay que esforzarnos, cambiar vicios y afianzar hábitos.

En Génesis 29 se cuenta una hisoria de esfuerzo y fracaso: “20 Así sirvió Jacob por Raquel siete años; y le parecieron como pocos días, porque la amaba.

21 Entonces dijo Jacob a Labán: Dame mi mujer, porque mi tiempo se ha cumplido, para unirme a ella.

22 Entonces Labán juntó a todos los varones de aquel lugar, e hizo banquete.

23 Y sucedió que a la noche tomó a Lea su hija, y se la trajo; y él se llegó a ella.

24 Y dio Labán su sierva Zilpa a su hija Lea por criada.

25 Venida la mañana, he aquí que era Lea; y Jacob dijo a Labán: ¿Qué es esto que me has hecho? ¿No te he servido por Raquel? ¿Por qué, pues, me has engañado?

26 Y Labán respondió: No se hace así en nuestro lugar, que se dé la menor antes de la mayor.

27 Cumple la semana de ésta, y se te dará también la otra, por el servicio que hagas conmigo otros siete años.

28 E hizo Jacob así, y cumplió la semana de aquélla; y él le dio a Raquel su hija por mujer.

29 Y dio Labán a Raquel su hija su sierva Bilha por criada.

30 Y se llegó también a Raquel, y la amó también más que a Lea; y sirvió a Labán aún otros siete años”.

Jacob trabajó catorce años para conquistar a una mujer. La primera mujer que le fue dada había sido un engaño, pero se percató de que Lea era una mujer por la cual valía la pena seguir trabajando, y pese a que su triunfo tardó el doble de tiempo en llegar, al final consiguió a la mujer que el buscaba.

Quizás hoy no tenemos lo que queremos, lo que anhelamos. Pero vale la pena esforzarnos por conseguir aquellos objetivos.

Para que David llegara al trono pasaron muchos años y fue perseguido por , para que José llegara a ser la mano derecha de Salomón transcurrieron trece años, y vivió lleno de tribulaciones. El pueblo de Jehová tardó cuarenta años vagando por el desierto. Todos ellos atravesaron un periodo de madurez, un proceso de crecimiento y acoplamiento.

Y quizás los logros de este año sean apenas un eslabón para conseguir uno mayor, para que la visión mayor, la visión completa, se cumpla. Pero hay que notar que, sin este eslabón, los sueños bien podrían jamás llegar del todo. Así que, antes de dar un sueño por perdido, hay que tener en cuenta las posibles consecuencias que también se perderán. Al final de todo, un gran triunfo siempre viene compuesto por pequeños y constantes logros.

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