Fe a pesar de todo

DSC_0112¿Qué es la fe?

Hebreos 11:1 “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Reina Valera 1960).

“Confiar en Dios es estar totalmente seguro de que uno va a recibir lo que espera. Es estar convencido de que algo existe, aun cuando no se pueda ver” (Traducción al Lenguaje Actual).

Decimos que creemos en Dios. Mas aún los demonios creen, y tiemblan. Pero hay una gran distancia entre creer en Dios y saber de Dios. Como dice la Traducción al Lenguaje Actual, la fe en Dios se cimienta en la sabiduría en Dios, se constituye como una certeza absoluta, un axioma inamovible. Como personas que decimos y creemos creer en Dios, surgen ocasiones en donde nuestra fe se cuartea, tiembla, o se sacude. Un percance económico o de salud pueden tirar nuestra confianza en Dios por los suelos y hacen surgir una serie de reniegos en contra Suya.

La costumbre, la rutina, la superstición y la falta de fe se conjugan para hacer una religión. Terminamos yendo a una iglesia por compromiso, en contra de nuestra voluntad, y llegamos a realizar una serie de rito en los cuales no creemos del todo. Pero Jesucristo, quien vino a la Tierra a establecer una nueva alianza con la humanidad, nunca buscó que Sus enseñanzas, Su camino y Su sangre se convirtieran en una religión. Él buscaba gente completamente convencida, gente con un espíritu despierto y entregado a Dios.

Y es que nuestra estancia en la Tierra es más bien sólo un paso, un camino. No somos personas de carne y hueso que en Cristo tienen una experiencia espiritual. En realidad, somos seres espirituales que vienen a la Tierra a tener una experiencia de carne y hueso. Por ello, la fe se vuelve esencial en todo momento.

Si un día nos dan un aumento, ¿hemos sido bendecidos? Y si al otro nos despiden, ¿el diablo nos atacó? ¿Estos pensamientos corresponden a una fe verdadera?

Mateo 16:13-16: “Cuando llegaron cerca del pueblo de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:

—¿Qué dice la gente acerca de mí, el Hijo del hombre?

14 Los discípulos contestaron:

—Algunos dicen que eres Juan el Bautista, y otros dicen que eres el profeta Elías, o el profeta Jeremías, o alguno de los profetas.

15 Entonces Jesús les preguntó:

—Y ustedes, ¿qué opinan? ¿Quién soy yo?

16 Pedro contestó:

—Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios que vive y da vida.

17 Jesús le dijo:

—¡Bendito seas, Pedro hijo de Jonás! Porque no sabes esto por tu propia cuenta, sino que te lo enseñó mi Padre que está en el cielo”.

De los doce discípulos, el único que contestó, con una fe absoluta, yendo en contra de la ley judía, con riesgo de ser muerto, fue Pedro. Y su fe sería recompensada.

Mateo 14:22-32: “Después de esto, Jesús ordenó a los discípulos: «Suban a la barca y vayan a la otra orilla del lago. Yo me quedaré aquí para despedir a la gente, y los alcanzaré más tarde.»

23 Cuando toda la gente se había ido, Jesús subió solo a un cerro para orar. Allí estuvo orando hasta que anocheció.

24 Mientras tanto, la barca ya se había alejado bastante de la orilla; navegaba contra el viento y las olas la golpeaban con mucha fuerza.

25 Todavía estaba oscuro cuando Jesús se acercó a la barca. Iba caminando sobre el agua. 26 Los discípulos lo vieron, pero no lo reconocieron. Llenos de miedo, gritaron:

—¡Un fantasma! ¡Un fantasma!

27 Enseguida Jesús les dijo:

—¡Cálmense! ¡Soy yo! ¡No tengan miedo!

28 Entonces Pedro le respondió:

—Señor, si realmente eres tú, ordena que yo camine también sobre el agua y vaya hasta donde tú estás.

29 Y Jesús le dijo:

—¡Ven!

De inmediato Pedro bajó de la barca. Caminó sobre el agua y fue hacia Jesús. 30 Pero cuando sintió la fuerza del viento, tuvo miedo. Allí mismo empezó a hundirse, y gritó:

—¡Señor, sálvame!

31 Entonces Jesús extendió su brazo, agarró a Pedro y le dijo:

—Pedro, tú confías muy poco en mí. ¿Por qué dudaste?

32 En cuanto los dos subieron a la barca, el viento dejó de soplar. 33 Todos los que estaban en la barca se arrodillaron ante Jesús y le dijeron:

—¡Es verdad, tú eres el Hijo de Dios!”.

Todos hablan del temor de Pedro al caminar sobre las aguas. Pero nadie habla de que él fue el único que se animó porque estaba convencido en la persona y posición de Jesucristo, el único de los doce discípulos que decidió confiar.

La gente se compromete con los estudios, hijos, trabajo, clubes, hasta sus fines de semana. Pero pocos, incluso los que dicen creer, son los que realmente se comprometen con Jesús,  y esa falta de compromiso proviene de una falta de convencimiento en Dios. Pese a que los ejemplos de Pedro se vean ahora como arcaicos y despegados de nuestros tiempos, Pedro está en el miso Cielo al que nosotros queremos llegar.

¿Qué tan convencidos estamos realmente? ¿Cuántos sacrificios estamos dispuestos a hacer? ¿Hasta dónde llega nuestra fe? ¿En quién realmente creemos?

Hechos 21:10-13: “10 Habíamos pasado ya muchos días en Cesarea cuando llegó un profeta llamado Agabo, que venía de la región de Judea.

11 Se acercó a nosotros y, tomando el cinturón de Pablo, se ató las manos y los pies. Luego dijo: «El Espíritu Santo dice que así atarán los judíos, en Jerusalén, al dueño de este cinturón, para entregarlo a las autoridades de Roma.»

12 Cuando los que acompañábamos a Pablo escuchamos eso, le rogamos que no fuera a Jerusalén. También los de la iglesia de Cesarea le rogaban lo mismo.

13 Pero Pablo nos contestó: «¡No lloren, pues me ponen muy triste! Tanto amo al Señor Jesús, que estoy dispuesto a ir a la cárcel, y también a morir en Jerusalén.»”.

Pablo estaba dispuesto a morir por Jesús, y quizás nosotros no tenemos que seguir su ejemplo de una manera tan radical, pero hay tantos pequeños y grandes detalles que podríamos llevar a cabo y que tal vez no estemos haciendo.

Dios es dios en la abundancia, en la escasez, en la necesidad y en la alegría. Él no cambia. Dios no deja de ser Dios si un día no nos sentimos bendecidos, y no es más Dios si una tarde nos dan un aumento o una promoción en el trabajo. Entonces, ¿nuestra fe prevalece pese a todo?

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