La Cruz: lo que en realidad importa

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Cada paso dentro del cristianismo expande el universo por conocer. Por cada metro avanzado, hay cientos todavía que se tuercen, bifurcan, encuentran y divergen. Entonces, ¿cómo saber cuál camino, aspecto, faceta o ministerio es el más importante? ¿Dónde se encuentra la prioridad? Entre la doctrina y la hermenéutica, la interpretación de los textos, el análisis de las profecías, uno puede fácilmente confundirse y enredarse.

Al llegar al Señor, lo más importante, lo esencial, es entender que Cristo murió por todos nosotros. En una cruz. Para lavar nuestros pecados. Y después resucitó.

1 Corintios 15:1-4 habla sobre el propósito de la muerte de Jesús: “15  Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis;

2 por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.

3 Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras;

4 y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;”

Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó a los tres días. Eso queda bastante claro en los versículos anteriores.

Y a la cruz en donde murió, se le ha levantado una enorme idolatría y veneración, e inclusive, para matar en el nombre de Dios. Se ha usado tanto para bien, como para mal. Se fabrican, venden, y usan en todas formas, materiales y tamaños. El apóstol Pablo, no enseña lo siguiente:

1 Corintios 1:18 “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios”.

– Versión Reina-Valera 1960.

1 Corintios 1:18 “18 El mensaje de la muerte de Cristo en la cruz parece una tontería a los que van a la perdición; pero este mensaje es poder de Dios para los que vamos a la salvación”.

 – Versión Dios Habla Hoy.

En un pedazo de madera, aquellos que creemos en Cristo encontramos la salvación. En un pedazo de madera encontramos vida y redención. Ahí, nuestros pecados fueron borrados. Se nos aceptó con amor. Se nos dio una nueva vida y una nueva identidad. En la cruz se deshicieron culpas y huellas.

Para nosotros es más importante la cruz, porque en ella, Dios hace cosas asombrosas e impresionantes en nuestra vida. Colosenses 2 dice: “13 Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados,

14 anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz,

15 y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz”.

De esta manera, Cristo tomó las actas de decreto (documento público, narración detallada de hechos o acontecimientos sucedidos en un lugar y tiempo determinado que no admite afirmación contraria) de los pecadores y las llevó a la cruz. Con su muerte en la cruz pagó el precio para que todo lo que fue una realidad en la vida quedara anulado y superado. Y en ocasiones creer en que ya todo quedó saldado y perdonado cuesta mucho trabajo. Por ende, tendríamos que dejar de vernos como siempre fuimos mirados, y comenzar a vernos como Dios nos ve, puros, limpios, distintos.

Al morir, Jesús nos hizo suyos, nos arrebató del mal para que nadie pudiera juzgarnos de nuevo. Su muerte provocó una explosión en el mundo espiritual, a tal grado, que dicen la Escrituras que el velo del templo se rompió, significando el acceso a Dios para todos aquellos que quisieran entrar en comunión con Él. Ya no es necesaria la intervención de un sacerdote para que la comunicación sea viva y eficaz. Basta con alzar nuestra voz y corazón para que todo se

Gálatas 2:20 dice: “20 Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”.

Este es otro concepto que también debemos poner en práctica. La muerte de Cristo también nos obliga a renunciar a nuestros sueños y aceptar los suyos, a que nuestros anhelos sean los de Él, a que la comunión sea tal, que nosotros vivamos a través y para Dios.

Cuando conocemos lo que hizo por nosotros, entenderemos que sin la ayuda que en su momento buscamos en Dios, hoy las cosas serían distintas. ¿Vale la pena sacrificar nuestras metas para buscar las de Dios? Quizás al principio nos cueste trabajo, pero al final, cumplir los sueños de Dios es y será siempre más gratificante que el cumplir los propios.

Nunca hay que olvidar que la relación va en concordancia con la cruz: el madero vertical representa la comunicación se da de arriba hacia abajo. Y el madero transversal establece la relación con nosotros.

Cuando uno entiende lo más importante, el deseo de rendirse se reduce. Y cuando nos alejamos, basta con mirar la cruz. Y recordar. Recordar cómo éramos antes de que por medio de su muerte, Jesús nos arrancara del pecado, y nos llevara a la vida eterna. Y recordar cómo somos hoy en día, cómo su sangre transformó cuerpo, mente alma y espíritu. Cómo nos saludaban en otro tiempo, y cómo lo hacen hoy en día. ¿Qué tan distintos somos, ahora que ya no somos ignorantes de la Palabra del Señor? Pero más importante aún ¿Qué tan distintos somos ahora que ya no somos ajenos al sacrificio de Jesús?

¿Vale la pena?

Por supuesto.

¿Es lo más importante?

Así es.

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