El siervo de Jesús

El que no sirve, no sirve

En ocasiones las expresiones directas, escuetas o agresivas nos ofenden. Más aún cuando se trata de una orden dirigida hacia la propia persona. La cultura en nuestro país tiende a suavizar el tono y la propiedad al mandar. El uso de diminutivos, “por favor”, y “gracias” es muy común al buscar un tono cortés y apropiado, aunque, en el sentido estricto, esto no deba ser de esta manera.

Acostumbrados a esto, las órdenes establecidas en la Escrituras pueden ocasionar conflictos en nosotros. En Lucas 17, Jesús establece el deber del siervo: “7 ¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa?

8 ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú?

9 ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no”.

Deberíamos de aprender, el concepto de siervo (persona que sirve a otra, y está sujeta a su autoridad). Al aceptar a Jesús como Señor y Salvador, nos convertimos en sus siervos. Por ello, alineados con la cruz del calvario, nuestra vida, anhelos y deseos deben ser suplidos por la voluntad de Dios.

Ahora, ¿hasta dónde podemos realmente vivir esa palabra? ¿Hemos verdaderamente muerto en la cruz? Si creemos que hemos muerto en la cruz, entonces deberíamos rendirnos completamente, y estar dispuestos a servir, aún cuando ello signifique que constantemente seamos pisados por otros.

En Gálatas 2, Pablo dice: “20 He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí”.

Al servir, debemos dejar de lado todo orgullo, arrogancia y soberbia. En un empleo, debemos estar sujetos a las órdenes del jefe pues “para eso nos pagan”. En la Tierra se paga una renta por vivir, y la mejor manera de pagarla, es sirviendo a otros. Y si queremos servir, tenemos que ser los más humildes.

Las mayores muestras de servicio las tenemos en Jesús. Él vino, a través de sus acciones a dictar la pauta para servir. No vino a mandar ni a reinar, pese a que lo pudo haber hecho. Y cuando los discípulos no entendían le mensaje, Él se los demostró. Y gracias a que ese mensaje se entendió, hoy tenemos los evangelios y los hechos de los apóstoles.

Es bonito y grato cuando nos sirven, pero la verdadera gratificación vendrá cuando nosotros seamos los que nos agachemos y sirvamos. Martin Luther King Jr., Mahatma Gandhi, la Madre Teresa de Calcuta, vinieron con esa mentalidad. Sacrificaron su zona de confort en pos de un servicio a la humanidad, y en la historia, han sido ellos los que han alcanzado los pilares de admiración y exaltación. Por ello se dice que solamente siervos son exaltados.

Al final del servicio, se presentó un video-homenaje al servicio prestado por la Pastora Araceli Coria durante su tiempo de vida.  Finalmente, sus familiares recordaron aspectos de su personalidad, entrega y pasión.

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