Los refugiados

En 1 Samuel se narra la persecución de David a manos del rey Saúl, y, al no tener un lugar seguro en donde esconderse, se refugia en la cueva de Adulam. Ahí, se reunió con él su familia y gente con características muy particulares:

1 Samuel 22: “1 Yéndose luego David de allí, huyó a la cueva de Adulam; y cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, vinieron allí a él.

2 Y se juntaron con él todos los afligidos, y todo el que estaba endeudado, y todos los que se hallaban en amargura de espíritu, y fue hecho jefe de ellos; y tuvo consigo como cuatrocientos hombres”.

Curioso es, que a un hombre en condición de aflicción, lo siguieron cuatrocientos hombres con sentimientos y pesares similares. Uno pensaría que David no era el elegido para liderar a ese tipo de personas, pero él tenía el corazón conforme a Dios, y resultó adecuado para ellos.

En el exilio, todos encontraron un refugio. ¿Por qué estos hombres buscaron a David? Por la aflicción, la amargura, las deudas… las razones son muchas y diversas.

Así como la cueva de Adulam, en nuestra vida buscamos diferentes tipos de cuevas cuando tenemos problemas, desde el trabajo o los amigos, hasta las drogas y el alcohol. Nos distraen o nos ocupan para evadir el problema, para escapar un rato.

La aflicción puede ser tan destructiva, dañina o peligrosa, que puede llegar a penetrar justo en el corazón, pero no sólo al órgano que late, sino también al corazón dentro de la mente. Contamina nuestro motor cerebral y espiritual al mismo tiempo, nubla el juicio y nos encierra en un pensamiento negativo. La aflicción nos lleva a tomar decisiones desesperadas, rápidas, sin pensar, a buscar respuestas en todos lados, a intentar todas las soluciones al alcance aunque ésas se contradigan.

Proverbios 4:23: “Cuida tu mente más que nada en el mundo,

porque ella es fuente de vida”.

En nuestro esfuerzo por cuidar la mente, lo que tenemos que hacer es dispersas todas aquellas voces que nos impiden pensar correctamente, algo que sucede muy frecuente. Pocas nos aconsejarán hacia el bien, y menos aún nos conducirán con cabalidad a una solución positiva. Sólo mediante el uso de una mente sana y centrada, podremos discernir adecuadamente.

El salmo 57, escrito por David, es uno de los más patéticos y lastimosos, creado en un profundo nivel de depresión y angustia. Y es así como también aquellos que vencen gigantes, los que están destinados a la grandeza, a quien se le promete un trono y riquezas, también llora.

Todos atravesamos por momentos de angustia y felicidad. Y también por momentos de alegría y felicidad. Y ambos tienen un comienzo y un fin. Los refugios abundan en las proximidades.

Pero, ¿hasta cuándo le daremos la oportunidad de limpiar la aflicción por medio de su gracia?  Sólo Él puede cobijarnos en aliento y amor. Antes de llegar a Cristo, muchos éramos como los moradores de la cueva de Adulam. Hay que llegar a Dios como un fugitivo llega a una cueva.

Haz de Dios tu único refugio. Que nada más lo sea.

Sólo Su presencia nos llenará. Ni el dinero ni el trabajo. Ni los vicios. Sólo Él.

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