El lenguaje de Dios

Yo entiendo, declaro, y hago.

 

La palabra no surte efecto si sólo la tomamos en cuenta durante los servicios dominicales. Quien tome la Biblia los domingos para venir a la iglesia pero la deje olvidada en el sillón el resto de la semana difícilmente podrá asimilar los mensajes completos.

En ocasiones nosotros no comprendemos totalmente el lenguaje, y para poder comprender el mensaje, es necesario aprender, comprender y dominar el lenguaje.

En Juan 8, Jesús sostiene una discusión con un grupo de judíos:

“31 Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;

32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

33 Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?

34 Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.

35 Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre.

36 Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.

37 Sé que sois descendientes de Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros.

38 Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre.

39 Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais.

40 Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto Abraham.

41 Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces le dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios.

42 Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió.

43 ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra”.

De la misma manera, ¿cómo podríamos captar los mensajes de la iglesia en un lenguaje que no conocemos, ni practicamos? Si ni siquiera conocemos el lenguaje de Dios, estamos perdidos en la búsqueda de la Palabra de Dios.

Por ello, es frustrante que los mensajes y la Palabra se manden mas no se escuchen, no se aprehendan. Sabremos que el lenguaje de Dios se escucha cuando su Palabra penetra en lo más profundo de nuestros corazones.

El lenguaje de Dios tiene nombre: fe.  Es la única vía por la que llegan sus mensajes. Sus palabras nunca estarán orientadas a la depresión o al rencor. Dios no habla de esa manera. Él siempre hablará de fe, de bendición, de aliento.

Y como la comunicación se da en dos sentidos, nosotros tampoco podremos hablar de tristeza o depresión ante Él. Si llegamos con pensamientos de pesimismo, no habrá comunicación con Él.

Romanos 10:8 “Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos:”

Hebreos 11:1 “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.

Hay cosas que existen para nuestra vida que Dios ya las ha diseñado, pero que no existen para nuestras vidas porque no hablamos de fe. Hasta que la fe no haya conquistado nuestro entendimiento, nuestra mente, seguiremos buscando  a Dios en penumbras, en un lugar donde Él. No esté.

Si no tenemos arraigada la fe en Dios, podríamos ser conquistados por cualquier secta o pensamiento ajeno o contrario a la doctrina de Cristo. Ya que la fe opere el núcleo de la mente, los pensamientos negativos no podrán entrar a nuestras vidas. Una mente que opera a base de fe sabrá que los buenos pensamientos vienen de Dios, pero los malos pensamientos vienen de parte del diablo. Sabe que Dios tiene salidas positivas, pero el diablo vendrá a intentar taparlas.

El lenguaje de Dios es fe. Solo fe. Nosotros debemos también de hablar Su lenguaje. Hablar de fe.

Hebreos 11:3 “3 Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía”.

Cuando nosotros hablamos con tristeza en nuestro corazón, se crea una atmósfera negativa, que no permite que la luz de Dios se haga presente en ese entorno.

Lucas 5: “5  Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios.

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