Más allá de la cruz

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Traicionado.

Humillado.

Flagelado.

Mateo 27: “26 Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado.

27 Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de él a toda la compañía;

28 y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata,

29 y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: !Salve, Rey de los judíos!

30 Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza.

31 Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle”.

Golpeado.

Clavado.

Despojado.

Mateo 27: “35 Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes”.

Crucificado.

Todo estaba escrito.

Y todo se cumplió.

Como cristianos, éste es el suceso en donde nos quedamos estacionados.

Pero hay que ir más allá. Pasar del sacrificio y mirar el propósito.

Jesús sí vino a la cruz, a sacrificarse por los pecados dela humanidad. En Juan 2, él mismo habla sobre su misión:

“17 Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume.

18 Y los judíos respondieron y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto?

19 Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.

20 Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás?

21 Mas él hablaba del templo de su cuerpo.

22 Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho”.

Esta profecía refiere al enfoque que debemos tener: la trascendencia de Jesús en la cruz. Más allá del Viernes Santo, Jesucristo triunfa y con ese triunfo llega la redención de la humanidad.

1 Corintios 15 “1 Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis;

2 por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.

3 Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras;”

Jesucristo fue sepultado:

Mateo 27: “57 Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús.

58 Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo.

59 Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia,

60 y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue.

61 Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro”.

La verdad, contrario a muchas corrientes que niegan o anulan la resurrección de Jesucristo, es que sí murió en cuerpo. Ni se desmayó, ni su cuerpo fue robado por los discípulos. El sepulcro tenía una gran piedra:

Mateo 27: “59 Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia,

60 y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue”.

Los discípulos se habían dado a la fuga desde que Jesús fue arrestado, por ende, no podrían haberse acercado al sepulcro para robarse el cuerpo de Jesús.

Además, Poncio Pilato había dispuesto una guardia romana en la entrada del sepulcro, a petición de los principales sacerdotes y fariseos, para vigilar que el cuerpo permaneciese ahí, que no se fuera a cometer “el engaño” de la resurrección.

Pero no hubo tal engaño:

Mateo 28: “1 Pasado el día de reposo,[a] al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro.

2 Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella.

3 Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve.

4 Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos.

5 Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado.

6 No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.

7 E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho.

8 Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos,

9 he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: !!Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron.

10 Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.

11 Mientras ellas iban, he aquí unos de la guardia fueron a la ciudad, y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido.

12 Y reunidos con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados,

13 diciendo: Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos.

14 Y si esto lo oyere el gobernador, nosotros le persuadiremos, y os pondremos a salvo.

15 Y ellos, tomando el dinero, hicieron como se les había instruido. Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy”.

La resurrección es el pilar del Nuevo Testamento. Sin la resurrección, Jesús no sería considerado como el Hijo de Dios.

La gloria no se encuentra en los clavos y las espinas, sino en el descenso que tuvo al Hades para arrebatarle las llaves de la vida al diablo. En su triunfo sobre el miedo.

Y para alguien tan glorioso, ¿dónde quedamos nosotros como discípulos? ¿Qué clase somos, para él? Cuando Jesús andaba con vida, lo negaron y se durmieron. Pero después de su triunfo, soportaron toda clase de dolores, torturas y sufrimientos. Y lo hicieron por su constante comunión, comunicación, y fe en que Jesucristo resucitó.

1 Tesalonicenses 4:“13 Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.

14 Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

15 Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.

16 Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

17 Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

18 Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras”.

Lo más glorioso no es la cruz, ni los clavos, ni las espinas. Lo más glorioso es que un domingo, Jesucristo resucitó.

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