Confiar en Dios, abandonar el afán

DSC_0025Con Dios las cosas son fáciles, puesto que fuimos diseñados a su imagen y semejanza, es decir, con todas las características que Él tiene para lograr los obstáculos.

1 Pedro 1: “6 En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas,

7 para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo,”

Dios hará cosas grandes conforme a nuestra fe. Cuando vengan problemas, lo que debemos hacer es sonreírles. Problemas vendrán si es necesario, quizás sí o quizás no, a manera de pruebas de fe. Si son necesarios, lo serán para bien de nuestras vidas, lo serán para aprendizaje nuestro.

¿Para qué viene la prueba? Para que Dios pruebe nuestra fe. Cuando nosotros manifestamos  nuestra creencia en Dios, se volverá necesario que la fe sea consolidada en las buenas y en las malas.

Si hemos perdido nuestro hogar, dinero, familia y salud, no hemos perdido nada, mientras no hayamos perdido nuestra fe.

Job tenía esta clase de fe. Job 1: “20 Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró,

21 y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito.

22 En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno”.

Después de haber recibido calamidades por parte de Satanás, sostuvo siempre su fe:

Job 2: “9  ‘entonces’ LE DIJO do mujer: ¿Aun retienes tu Integridad? Maldice a Dios, y Muérete.

10  Y EL LE DIJO: Como suele Hablar CUALQUIERA de las Mujeres fatuas, tiene Hablado. ¿Que? ¿Recibiremos de Dios el bien, y El mal no recibiremos lo? En TODO ESTO no peco Job con suspensión labios”.

Al final de la historia, Dios le restituye todo y aún más a Job.

Cada vez que nuestra fe es probada y la superamos, subimos a un nuevo nivel en donde Dios nos podrá confiar todavía más. Cada vez que nos estancamos, en lugar de desesperarnos, deberíamos estar confiados y listos en que la prueba de fe será superada.

Las cosas vendrán porque, al ser Hijos de Dios, seremos merecedores de grandes bendiciones, ya que Dios no dejará de estar a nuestro lado.

Mateo 6: “25 Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?

26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?

27 ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?

28 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan;

29 pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos”.

No debemos de afanarnos porque, como se dijo en la predicación anterior, se trata de la forma más fácil en la que perderemos nuestra fe.

El afán nos desgasta, nos quita todo. Pero es parte de la prueba. En Lucas, Jesús encomienda a sus discípulos a predicar el reino de los Cielos:

Lucas 9: “9 Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades.

2 Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos.

3 Y les dijo: No toméis nada para el camino, ni bordón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni llevéis dos túnicas”.

El mismo reino de Dios que nosotros predicamos, es el que nos protege y respalda. Las bendiciones de las que hablamos se harán tangibles conforme a la fe que tenemos. ¿Cuántos llevamos nuestras vidas a cabo de esta manera, completamente confiados en que Dios nos respaldará?

En las pruebas, hay que estar alegres, confiados.

Filipenses 4: “4 Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!

5 Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca.”

De esta manera, Dios nos dice que no lleguemos a Él con un corazón triste o afligido, sino con un corazón lleno de gozo y alegría. Exponer nuestro problema y la confianza depositada en Él. Aceptar las circunstancias, pero estar seguro de que Su poder logrará reestablecer la balanza hacia la bendición.

Filipenses 4: “6 Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias

7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.

Hasta que no termine el afán, no habrá paz.

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