Adoración, la llave para los milagros

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El pastor Armando Coria inicio su enseñanza con una vivencia.

“La primera ocasión que entré a una iglesia cristiana me impresioné por ver instrumentos musicales en el estrado, pero aún más mi asombro fue al ver que los congregantes aplaudían, algunos brincaban, y otros cuantos lloraban. Eso fue hace más de 18 años, pero desde ese entonces comprendí la manera en que a Dios le agrade que le adoremos”.

Cuando Jesús vino a la Tierra, vino a restaurar la relación de Dios con la humanidad. Jesús vino a salvar y a rescatar lo que se había perdido. Vino a restaurar la identidad que nos hacía falta y a establecer el Reino de los Cielos en la Tierra, pero lo hizo de formas muy extrañas al parecer del pensamiento humano.

Citaremos algunas las formas en las que Jesús obró para demostrar el poder de Dios en la Tierra y para traer la restauración que la humanidad necesitaba.

En el evangelio de Juan capítulo 11 se narra el momento en que Jesús resucita a Lázaro después de haber estado muerto por 4 días.

Lucas 11:14 nos muestra la manera en que Jesús expulsa los demonios de un hombre.

Mateo 8:1 testifica uno de los tantos milagros que Jesús realizó al sanar a un leproso. Es interesante ver que Jesús obró en milagros. Sanó ciegos, paralíticos, cojos, y un sin fin de padecimientos.

Lo asombroso no son las resurrecciones, las sanidades o los milagros, sino la reacción de cada una de las personas que recibieron un toque de Jesús lleno del poder de Dios. Fueron asombrados por su poder y en agradecimiento a ello le adoraban.

Dos ejemplos de una actitud de adoración  a Jesús a consecuencia del agradecimiento al haber obtenido un milagro de parte de Él, son el de María la hermana de Lázaro y la de una mujer pecadora que se cita en Lucas 7:38:

36 Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa.

37 Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume;

38 y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume.

La adoración a Dios nace de un corazón agradecido, no tan sólo por haber obtenido algo de Él, sino por la simple y sencilla razón de querer reconocer que Él es soberano para obrar en nuestras vidas como mejor le plazca.

Adoración no es tan sólo decirle “Te amo”. Adoración es rendición, sumisión y obediencia.

La adoración es la llave para los milagros. A Dios no lo sorprendemos con nuestros diezmos. A Dios lo sorprendemos con nuestro corazón lleno de devoción y adoración a Él.

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