PADRE, SACERDOTE DE SU HOGAR

Padre, sacerdote de su hogar

1 Samuel capítulo 1 nos relata la historia de una mujer llamada Ana, la cual era estéril y se encontraba en el templo pidiéndole a Dios un hijo, pero lo pedía con tal clamor que el sacerdote Elí la tomó por borracha.

Tiempo después, Dios le concedió un hijo a Ana y ella lo dedicó al servicio en el templo bajo la dirección del sacerdote Elí, el cual tenía dos hijos con mala reputación y que todo Israel sabía de su mal comportamiento con las mujeres y con las ofrendas del templo

Los hijos del sacerdote vivían en el templo y debían trabajar ayudando en el ofrecimiento de sacrificios a Dios. Y en el caso de Elí, es irónico que sus hijos hayan sido impíos.

12 “Los hijos de Elí eran hombres impíos, que no tenían conocimiento de Jehová”. 1 Samuel 2:12

Eli sabiendo de su mala fama entre el pueblo, les advirtió (1Samuel 2:22-25):

22 Elí era muy viejo, pero cuando supo lo que sus hijos hacían con todo Israel y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del Tabernáculo de reunión,

23 les dijo: «¿Por qué hacéis cosas semejantes? Oigo hablar a todo este pueblo vuestro mal proceder.

24 No, hijos míos, porque no es buena fama la que yo oigo, pues hacéis pecar al pueblo de Jehová.

25 Si peca el hombre contra el hombre, los jueces lo juzgarán; pero si alguno peca contra Jehová, ¿quién rogará por él?» Pero ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová había resuelto hacerlos morir.

Elí era sacerdote del templo pero fue un mal sacerdote en su hogar, y el resultado de la falta de corrección e instrucción a sus hijos en los principios de Dios fue que sus hijos no vivían con temor a Dios, ni reverenciaban su presencia, por lo tanto murieron por no honrar a Dios.

Dios, a través de su palabra nos muestra que el varón fue creado para ser sacerdote, y su primer templo es su hogar. El sacerdote Elí era sacerdote del templo pero no de su hogar, pues sus hijos vivían fuera de los principios de Dios.

El varón debe ministrar su hogar, orando por sus hijos, haciendo de su hogar un templo de adoración, donde sus hijos puedan conocer y amar la presencia de Dios. Los padres deben tener la figura de sacerdote delante de sus hijos y enseñarles a ofrecer sacrificio a Dios con sus vidas.

Si tú como padre no sabes ministrar a Dios siendo sacerdote de tu hogar, tus hijos no aprenderán a amar a Dios con devoción en sus corazones.Los hijos son el reflejo de su hogar.

Tus hijos serán juzgados por Dios por su mal comportamiento, pero tú como padre tendrás que rendir cuentas delante de Dios por la vida de tu esposa y de tus hijos.

Meditemos en este tema y reconoscamos que la Iglesia ni el colegio son responsables de educar a nuestros hijos, somos nosotros como padres los responsable de instruir y corregir a nuestros hijos.

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