SEMBRANDO EN TIEMPO DE ESCASEZ

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El ser humano nace con dos temores: temor a los ruidos fuertes y temor a caer.  Éstos ponen en estado de alerta nuestros cinco sentidos.

Actualmente se registran más de dos mil fobias. El ser humano las adquiere a través de malas experiencias a las cuales se ha enfrentado a lo largo de su vida.

Dios no infundió en el ser humano este sentimiento, “el temor”, sino al contrario, nos dio la capacidad de dominar cualquier emoción y sentimiento que genere ansiedad, afán, preocupación, y que a su vez nos lleve a la destrucción o a la miseria.

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”.

2 Timoteo 1:7

Uno de los temores más grandes que tiene el ser humano es el de no tener dinero o el perder algún bien material.

Dios es  nuestro Padre y proveedor, por lo tanto no debemos tener temor a la pobreza, porque él es el dueño del oro y de la plata y es quien suplirá nuestras necesidades.

Debemos entender quién es nuestro Padre, y de esta manera cambiaremos nuestra perspectiva acerca de la provisión que Dios desea para nuestras vidas y la de nuestras generaciones.

Recordemos también que Él ha puesto delante de nosotros la bendición y la maldición para elegirla.

”A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia”

Deuteronomio 30:19

Dios nos dio el poder para poder hacer riquezas, no quincenas.

Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día”. Deuteronomio 8:18

Génesis capítulo doce nos relata el momento en que Dios le da a Abraham la promesa más grande conocida en la historia de la humanidad:

1 Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.

Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.

Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.     

Génesis 12:1-3

Tú y yo descendemos de Abraham, por lo tanto, la promesa de un familia bendecida es para nosotros, pero en muchas ocasiones la olvidamos, como le sucedió a Isaac.

Isaac, el hijo de Abraham, pasó por un tiempo de hambre, y movido por el temor, pensó en irse a Egipto, tierra de esclavitud para trabajar, pero el Señor se le apareció y le recordó la promesa que le hizo a su padre, la cual también era para su descendencia.

El resultado de la promesa dada a su padre, Abraham, dio como resultado en la vida de Isaac una cosecha del ciento por uno, aún siendo forastero en aquella tierra.

Debemos entender que el tiempo propicio para sembrar es en el tiempo de escasez.

12 “Y sembró Isaac en aquella tierra, y cosechó aquel año ciento por uno; y le bendijo Jehová”.

13 “El varón se enriqueció, y fue prosperado, y se engrandeció hasta hacerse muy poderoso”.     Génesis 26:12-13

En tiempo de escasez no desciendas a Egipto, sino recuerdo quién es tu Padre.

“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones”

Salmo 46:1

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