LA AUTORIDAD ES DELEGADA POR DIOS

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En esta ocasión seguiremos conociendo la historia del rey Saúl, un rey que tuvo envidia de su sucesor, David, y llegó a la locura a causa de que Dios le mandaba un espíritu para atormentarlo, el cual enviaba justo cuando David se encontraba en presencia de él.

14 El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová.

15 Y los criados de Saúl le dijeron: He aquí ahora, un espíritu malo de parte de Dios te atormenta.

16 Diga, pues, nuestro señor a tus siervos que están delante de ti, que busquen a alguno que sepa tocar el arpa, para que cuando esté sobre ti el espíritu malo de parte de Dios, él toque con su mano, y tengas alivio.”

1 Samuel 16:14-16

Nos estamos encontrando con un rey que no tiene el espíritu de Dios, que actuaba sin la gracia ni unción de Dios pero seguía teniendo autoridad. Suena irónico leer en esta historia que Dios deja a Saúl con gobierno a pesar de que estaba siendo atormentado con un espíritu y envidiaba a David a tal grado que en dos ocasiones estando delante de él intento enclavarlo con una lanza.

8 Y se enojó Saúl en gran manera, y le desagradó este dicho, y dijo: A David dieron diez miles, y a mí miles; no le falta más que el reino.

9 Y desde aquel día Saúl no miró con buenos ojos a David.

10 Aconteció al otro día, que un espíritu malo de parte de Dios tomó a Saúl, y él desvariaba en medio de la casa. David tocaba con su mano como los otros días; y tenía Saúl la lanza en la mano.

11 Y arrojó Saúl la lanza, diciendo: Enclavaré a David a la pared. Pero David lo evadió dos veces.

1 Samuel 18:8-11

David pudo reaccionar a las agresiones del rey Saúl de tres maneras distintas:

  1. Aventarle la lanza y enclavarlo, como reacción a la agresión recibida.
  2. Salir corriendo de la habitación e ir con el pueblo a murmurar de Saúl a consecuencia de su desvarío.
  3. Esperar en Dios para que con su justicia pusiera las cosas en su lugar.

Y la resolución de David al recibir esas agresiones por parte de Saúl fue esperar en Dios y conducirse prudentemente. Realmente, David pudo haber dividido el reino, pero sabía bien que a pesar de su locura, Saúl era la autoridad en Israel y debía someterse en obediencia.

14 Y David se conducía prudentemente en todos sus asuntos, y Jehová estaba con él.

15 Y viendo Saúl que se portaba tan prudentemente, tenía temor de él.

16 Mas todo Israel y Judá amaba a David, porque él salía y entraba delante de ellos.

1 Samuel 18:14-16

La gran lección que nos deja la vida de  David al conducirse tan prudentemente ante tal agravio a su vida, es que debemos respetar a toda autoridad, sin murmurar o perjudicar sus vidas, mucho menos, llegar a pensar en derrocar la autoridad que le fue delegada. Y se le presentó a David una oportunidad para atacar al Rey Saúl pero no lo hizo.

3 Y cuando llegó a un redil de ovejas en el camino, donde había una cueva, entró Saúl en ella para cubrir sus pies; y David y sus hombres estaban sentados en los rincones de la cueva.

4 Entonces los hombres de David le dijeron: He aquí el día de que te dijo Jehová: He aquí que entrego a tu enemigo en tu mano, y harás con él como te pareciere. Y se levantó David, y calladamente cortó la orilla del manto de Saúl.

5 Después de esto se turbó el corazón de David, porque había cortado la orilla del manto de Saúl.

6 Y dijo a sus hombres: Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido de Jehová.

1 Samuel 24:3-6

David entendió que la autoridad la delega Dios a un escogido por él; por tal razón tenía claro que debía someterse a las autoridades.

1 Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.

2 De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos.

3 Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella.

Romanos 13:1-3

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